20/03/26. Caracas, ocho y media de la mañana. Parque Central queda atrás mientras la Cota Mil nos lleva hacia el litoral. El sol ya calienta, pero la brisa que sube de la costa promete. Vamos a la Marina de Caraballeda, estado La Guaira, a conocer a los hombres y mujeres de CONPPA, una organización pesquera que lleva quince años demostrando que el trabajo conjunto, la familia y la comunidad pueden construir soberanía alimentaria desde el mar.
...las mujeres lideran la sala de procesamiento. Son ellas las que transforman el pescado fresco en hamburguesas, nuggets.... Son ellas las que le dan valor agregado a lo que los pescadores traen del mar.
"Esto era agua y piedra"
Antes de que existiera la sala de procesamiento, antes de los nuggets, del antipasto y de los cien productos registrados, lo que hoy es CONPPA era un arroyo. Un peñón. Pura piedra.
Lucho, maestro de obra, hijo de maestro de obra, camina por el muelle y señala cada rincón con orgullo: "Todo esto lo hemos construido nosotros, con esfuerzo y recursos propios. Esta orilla llegaba hasta allá. Todo esto donde estamos pisando era agua y piedra. Y a punta de candela y mandarria".
La técnica es ancestral: se enciende fuego con maderas nobles sobre la piedra; cuando está al rojo vivo, se lanza agua y la roca estalla, se agrieta, se parte. "Mi papá era maestro de obra —dice Lucho— y él empezó haciendo piedras de esas. Las casas que tenemos en el barrio todavía tienen el anillo de concreto".
Esa misma fuerza, esa misma paciencia, es la que hoy aplican al mar. Porque construir una organización pesquera, sostener una familia y un legado en medio de dificultades, también es partir la piedra todos los días. Con la misma candela. Con la misma agua.
El corazón del proyecto: las mujeres y sus familias
Si la piedra es la base, las familias son el alma. Y en cada familia, las mujeres tienen un rol protagónico.
Belkis Rojas, esposa de Luis García (vocero principal de CONPPA), nos recibe con una sonrisa y una energía que contagia. A su lado, otras mujeres como Rosmeri Castro y María se preparan para mostrar lo que hacen. "Imaginen este sector del mundo del pescador, que está marcado por el machismo —dice Belkis—. Pero nosotras, como mujeres, nos hemos ido empoderando. Vamos a la par".
Ella lo dice con convicción: "La pesca no es solo de hombre, ese mito se ha ido rompiendo. Nosotros también podemos hacerlo. Y cuando trabajamos juntos, los resultados son mejores".
En CONPPA, las mujeres lideran la sala de procesamiento. Son ellas las que transforman el pescado fresco en hamburguesas, nuggets, antipasto, cazón guisado. Son ellas las que le dan valor agregado a lo que los pescadores traen del mar. Pero siempre en equipo.
"Ellos nos lo dejan a un precio menor por ser nosotras procesadoras —explica Belkis—. Y entonces ellos ganan y nosotras ganamos. Todos ganamos. Pero nosotras como mujeres le sacamos más provecho porque transformamos: en antipasto, en cazón guisado. Y vamos dándole valor agregado".
Del sartén de casa a cien productos
La historia de CONPPA es también la historia de cómo lo pequeño puede crecer cuando hay organización, apoyos institucionales y, sobre todo, trabajo en equipo.
"Nosotros empezamos con nuestro sartén de casa, nuestra cosita —recuerda Belkis—. Cuando vino el gobernador y preguntó qué nos faltaba, le dijimos: neveras, instrumentos. Así él se dio cuenta y nos apoyó".
Hoy tienen máquina empaquetadora al vacío, molino, congeladores. Y han registrado más de cien productos: atún en rueda, filete, lomo, churrasco; raya guisada; cazón precocido; pescadito de ración empaquetado. Y entre todos, hay uno que brilla con luz propia.
"La que más demanda tiene es el antipasto —dice Belkis con orgullo—. Es como el producto número uno. La presidenta de la instancia regional está enamorada del antipasto, eso no puede faltar en una feria".
Las ferias son el termómetro del éxito. "Ya cuando andamos en las ferias de Caracas nos dicen: '¿Dónde están las hamburguesas? ¿Dónde está el cazón guisado?' Porque ya nos estamos dando a conocer".
La semilla del futuro: el plan vacacional
Si hay una imagen que resume el espíritu de CONPPA, es la de un niño lanzando un anzuelo por primera vez. En septiembre, gracias al programa Tejiendo Redes y al trabajo con la comuna José Manuel Suárez, organizaron un plan vacacional que rompió todos los esquemas.
"Los montamos en una lancha —recuerda Belkis con los ojos brillantes—. Eso fue algo novedoso. Los niños pescaron, vivieron esa experiencia tan bonita. Cuando tenían el pescado… quedaron fascinados".
La actividad no fue solo un paseo. Detrás había una intención profunda: sembrar en las nuevas generaciones el amor por el mar y la conciencia sobre la soberanía alimentaria. "Se les dio unos perros calientes, pero el paseo en lancha… —sonríe—. Eso forma parte de la transmisión. El conocimiento se pasa a los niños, para que no se pierda".
Fue una experiencia que trascendió lo lúdico. Muchos de esos niños nunca habían estado en una embarcación. Verlos emocionarse al sacar un pez, al sentir la fuerza del mar, fue para Belkis y su equipo una confirmación: el legado está asegurado.
"El nieto viene también, vienen mis hijos —dice—. Uno enseñándole a las familias. Se hace un trabajo con amor, familiar. Y hay una economía comunal también".
Luis, desde su rol de vocero, complementa: "La idea es que el venezolano comience a comprar productos ya procesados, frescos. Que llegue a su casa, lo abra, le eche sal al sartén y ya. Eso es soberanía: que la proteína del mar esté al alcance de todos".
CONPPA en el mundo: de lo local a lo nacional
Lo que empezó con una lancha y un motorcito hace quince años, hoy es una marca colectiva: CONPPA, la primera de Venezuela. Su logo, una C que es también cabeza de pescador, representa a los pescadores de todo el país.
"Fue aprobada para 17 estados —explica Belkis—. Ahora estamos cinco estados activos: Aragua, Miranda, Anzoátegui y La Guaira. Todos en producción, todos en esa meta: alcanzar los sueños. Que estos productos estén en los anaqueles de los supermercados. Que sean exportados".
Y ya han dado pasos gigantes. "Ya estaba en China —dice Belkis con orgullo—. Hasta Cuba también llegó. Los pescadores allá, y nosotras cumpliendo nuestra parte aquí, para que el producto esté afuera".
A esto se suma la participación en una conferencia en México, y el trabajo constante con el Ministerio de Pesca, la gobernación de La Guaira y la alcaldía. "Ayer hicimos 150 botes que nos mandó a pedir el Ministerio para las ferias del día del pescador —cuenta—. Y eso es constante".
Economía real en tiempos difíciles
En CONPPA no solo sueñan: producen, venden y se adaptan a la realidad venezolana.
"El medio kilo de atún precocido está en seis dólares —explica Luis—. Una lata de atún cuesta cinco dólares y son 180 gramos. Aquí, por menos, llevas más de medio kilo, fresco, sin conservantes, listo para preparar".
Manejan la tasa del BCV, aceptan bonos de guerra, hacen entregas a domicilio. "La gente paga con su bono de guerra —dice Belkis—. Los amarramos con eso. Ayudamos a la alcaldía: ellos nos compran y pagan en la quincena. Y se lo llevamos a domicilio, en el trabajo, donde esté".
Así, la soberanía alimentaria avanza. "Ya tenemos gente que viene de Caracas —agrega—. Y estamos trabajando en el punto de venta".
Mirando al futuro
Cuando se les pregunta qué falta, son honestos: "Todavía nos falta el aire acondicionado, algunas cosas. Pero hemos ido creciendo".
Y cuando se les pregunta qué sueñan, responden con la mirada puesta en el horizonte: "Que estos productos estén en los anaqueles, que se exporten. Ese es nuestro mapa de sueño".
Luis lo resume con visión de futuro: "Si ahorita procesamos 1.200 kilos semanales, con la ampliación pasaremos a 10 toneladas. Generaremos empleo como no tienes idea. Primero local, luego regional, luego nacional, y muy pronto exportar. Yo estoy seguro de eso".
Belkis, a su lado, asiente y agrega: "Cuando hacemos las cosas con amor, con dedicación, constancia, esa es la clave. Dar ese mensaje a todos: niños, mujeres, parejas. Que todo sí se puede. Y aquí nos vamos para el mar".
El pescado frito, la arepa y la ensalada
Antes de irnos, nos invitan a la mesa. El pescado frito, recién sacado del mar, cruje al partirlo. La arepa frita, dorada, acompaña. La ensalada, fresca, con ese punto justo de limón y sal, completa el cuadro.
Mientras comemos, alguien comenta que en cada bocado está el trabajo de Lucho partiendo piedra, de Luis organizando, de Belkis y las mujeres procesando con sus propias manos. En cada bocado está el mar de La Guaira, la comuna José Manuel Suárez, los niños que se montaron en la lancha por primera vez, las hamburguesas que buscan en Caracas, el antipasto que viajó a China.
Y en cada bocado, también, está la certeza de que esta historia, hecha de familia, esfuerzo y sueños compartidos, recién comienza.
Desde la Marina de Caraballeda, estado La Guaira, con el sonido del mar de fondo y el sabor del pescado frito aún en los labios.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS YARITZA CANTO • @yariyama