10/04/26. Para nadie es un secreto que la memoria colectiva venezolana ha sido descrita en muchas ocasiones tanto en artículos periodísticos y en ensayos como fragmentada, manipulada y a menudo corta. Opiniones de “expertos” aseguran que factores como el boom petrolero, la modernización acelerada y la distorsión del relato histórico por élites políticas han generado una desconexión con el pasado, impidiendo el buen sentido crítico del venezolano basado en los hechos históricos y por ende la unidad nacional. ¿Será realmente cierta esta premisa de que somos un pueblo sin memoria y que olvida fácilmente?
La memoria venezolana se ha visto frágil ante la manipulación mediática y extranjera, pero esa memoria no ha dejado de ser intensa y activa en la construcción de hitos de resistencia o lucha política.
A 50 años del golpe de 1976 en Argentina (24 de marzo), la memoria se reafirma como un pilar democrático frente al horror. Argentina busca sellar heridas con verdad y justicia y no repitiendo los errores del pasado conociendo su propia historia. La historia de Venezuela recuerda el 23 de enero de 1958 como la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. En ambos países el ejercicio de la memoria política se plantea como una vía para construir democracias sanas. La lucha y defensa de la verdad y de los derechos ciudadanos son lecciones compartidas en la búsqueda de ser dueños de sus propios destinos.
Es importante recordar que hechos del pasado como estos simbolizan la victoria de la voluntad popular. Este aniversario destaca la importancia de la memoria colectiva para consolidar las instituciones y evitar la repetición de violaciones a los derechos humanos, garantizando que el recuerdo sea una construcción de futuro.
Los escritos periodísticos sobre la "memoria corta" de los venezolanos son un debate vigente, enfocados más en la manipulación política del pasado y el trauma colectivo que en un olvido literal. El periodismo contemporáneo venezolano, busca construir memoria documentando los hechos sociopolíticos más relevantes, actuando como un contrapeso a la hipótesis de la pérdida de nuestra memoria histórica.
Pero, ¿qué nos dicen los hechos de las últimas décadas? ¿Nos definen los actos sociales como un pueblo que tiene o no memoria?
Hace 34 años al frente de la rebelión militar del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 del 4-F y con el “por ahora”, el presidente Hugo Chávez se posiciona en el imaginario popular como un ícono de responsabilidad, valentía y heroísmo. Después de dos años de prisión enfrentados con dignidad, se incorporan a la lucha política obteniendo el triunfo abrumador en las elecciones de 1998 gracias al apoyo popular de un pueblo con memoria, cansados de los fatídicos períodos de gobierno durante las décadas anteriores. Pero las bestias de la reacción prepararon su metralla: Chávez es derrocado el 11 de abril de 2002. Horas después, todas las fuerzas coaligadas del sector popular del 27-F, junto a las del ejército bolivariano del 4-F, reaccionan y el 13 de abril de 2002 destronan al títere impuesto, sucediéndose así tres procesos en una sola dirección hacia el rescate de la soberanía: la histórica clarinada del 27-F; la reacción militar bolivariana del 4-F y el rescate del 13-A hace 24 años, como poder de la conciencia revolucionaria que define para siempre al pueblo venezolano que actúa con memoria.
Actualmente el poder popular sigue tomando las calles de Caracas en cada una de estas fechas que son y serán representantes del carácter del bravo pueblo en defensa de la democracia y soberanía nacional. Más que memoria corta, diversos testimonios en estas movilizaciones sugieren que la crisis económica y el afán de la vida diaria a veces ha postergado la reflexión sobre hechos pasados. La memoria venezolana se ha visto frágil ante la manipulación mediática y extranjera, pero esa memoria no ha dejado de ser intensa y activa en la construcción de hitos de resistencia o lucha política.

POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta