23/04/26. De mis últimos entrevistados fue Prudencio Mario Bauzá Cárdenas, que a la hora de ir armando un libro debería ser el primero de la lista, por ser el pionero en introducir la percusión cubana en el jazz y ser, en consecuencia, iniciador del latin lazz o jazz latino, que él ha preferido llamar afrocuban jazz. La reunión ocurrió en su apartamento de Nueva York con la presencia de Rudy Calzado, Alfredo Chocolate Armenteros y el saxofón de su orquesta Rolandito Briceño, mi amigo venezolano que hizo el contacto.
... fue el creador de la nueva tendencia, agregando instrumentos de percusión cubanos al plantel de las bandas de jazz... el cubob, esa fusión de armonías de jazz y ritmos latinos...
Todo comenzó a raíz de un “total inmerssion” de un mes en inglés, que pasé en New Jersey a principios de los noventa, y una tarde fui a ver a Rolandito en el “Niuyoricans poets café”, en una presentación de los mejores saxofonistas de Estados Unidos, ¡una maravilla de concierto! Y de allí surgió el enlace.
Un año más tarde, en la redacción de Reporte, diario de la economía, -donde escribía un suplemento de cuatro páginas encartado los sábados, sobre rumbas y demás eventos ocurridos en “La Noche”-, tenía las páginas centrales abiertas y nuestro flamante diseñador Orlando Luna, tenía una prisa sobrevenida porque en lo normal, era de lo más tolerante conmigo, (aunque de mis pocas puntualidades destaque la entrega de textos a periódicos y publicaciones varias). Lo cierto fue que, ante su afectuoso acoso laboral, le dije: “yo tengo ahí un adelanto del año pasado, una entrevista que hice en Nueva York, ¡ya te la paso!”. Y me fui… Al otro día me medio regañó: “No joda Humberto, ¡que bolas tienes tú!, cómo tuviste un año guardada esa excelente entrevista…” y se mandó aquel gran titular a ocho columnas: “Yo descubrí a Dizzie Gillespie”.
El jazz latino o latin jazz es obviamente la fusión de la música latina, en aquel caso esencialmente cubana, con el jazz, es el comienzo de uno de los crossover más importantes del siglo anterior y de este que va en curso, hasta las décadas del treinta y cuarenta, la música del Caribe y el jazz, cuando se funden el bebop y la música cubana y derivan en cubop, siendo esencialmente parecidas en cuanto a sus inspiraciones e improvisaciones, pero crecían silvestres en sus territorios, hasta que un jovencito de dieciséis años Prudencio Mario Bauzá Cárdenas, que tocaba el clarinete en la Orquesta Filarmónica de La Habana, viajó en 1927 a Nueva York con la orquesta de Antonio María Romeu, y con el veneno necesario del talento de los espíritus superiores de la música, se maravilló con las big bands de Paul Whiteman, Fletcher Henderson y Tommy Dorsey, y por las revistas musicales de Harlem, por lo que a sus diecinueve años en 1930 decidió emigrar definitivamente a Estados Unidos. Y se convierte en el principal baluarte de la creación y completa evolución del jazz latino o latin jazz.
Pero detengámonos a pensar en cómo era el bebop convirtiéndose en cubop. ¿Qué era el bebop? El nuevo estilo y sonido revolucionario, tal como llegó a conocerse (el origen de la palabra bebop proviene en parte de un término sin sentido utilizado en el canto scat improvisado), surgió como una ramificación y una reacción a la música swing de las grandes bandas, dominada por ritmos de baile enérgicos. En el bebop, sin embargo, el énfasis rítmico se desplazó del bombo al más sutil hi-hat y al platillo ride, lo que permitió una mayor fluidez rítmica (los bateristas Kenny Clarke y Max Roach fueron los principales impulsores de este nuevo enfoque). En manos de los músicos de bebop, el jazz se volvió más orientado al blues y basado en riffs; y debido a que Parker y Gillespie lograron combinar su suprema habilidad técnica con su conocimiento de teoría musical avanzada, el resultado fue un nuevo tipo de jazz definido por solos extensos y cuyo lenguaje armónico era más denso y rico que nunca. En resumidas cuentas, Mario Bauzá, fue el creador de la nueva tendencia, agregando instrumentos de percusión cubanos al plantel de las bandas de jazz, y fue precisamente el cubob, esa fusión de armonías de jazz y ritmos latinos, que establecieron pauta desde los años cuarenta hasta el final de los cincuenta, el sonido que popularizarían “Machito y sus afrocubans jazz”, dirigidos por supuesto, por Mario Bauzá.
Redondeando entonces, podemos decir que, el latin jazz, jazz latino, o afrocuban jazz, como Mario prefería llamarlo, es la fusión de la música latina con el jazz, sobre todo la cubana, después del swing jazz de 1920 a 1935, insurgió el bebop el estilo musical del jazz que no aguantaba más las big bands por razones económicas, y el bebop buscó salidas y llegaron los cubanos, con la incorporación de la percusión de la isla caribeña. Debo decir que Mario Bauzá fue el gran precursor de todo este movimiento desde la Chick Webb & His Orchestra, con la que estrena sus temas Lona en 1934 y Tanga de 1941, estrenada el 28 de mayo de 1943 en el club La Conga. Posteriormente apoya sustancialmente a Dizzie Gillespie dándole posada y trabajo, fingiendo estar enfermo para incorporar a Dizzie a la orquesta de Bob Calloway. Y ya en el 48, le lleva a Chano Pozo, año en que componen Manteca, otro de los íconos del latin jazz.
También he dicho que Mario Bauzá es el denominador común, porque luego de su primer viaje en 1927 a Nueva York con la orquesta de Antonio María Romeu, el mismo del danzón, y su encuentro con las big bands de Paul Whiteman, Fletcher Henderson, Tommy Dorsey, y revistas musicales de Harlem, decide regresar en 1930 para quedarse y consagrarse la noche del 11 de Mayo de 1937, cuando en el Savoy Ballroom, aquel memorable local de la avenida Lenox entre las calles 140 y 141 en Harlem Nueva York, se enfrentaron los Reyes del Swing, Chick Webb versus Benny Goodman, ganando la de Webb dirigida precisamente por Bauzá.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui