04/06/26. Del 26 al 31 de mayo, los espacios del Museo de Bellas Artes (MBA) de Caracas se convirtieron en un hervidero de creatividad. Era la VI Edición de "Garabato", el encuentro de Artes Visuales que cada año se consolida como una ventana para visibilizar el talento joven. Y, claramente, esta vez la rompieron. Había bandas sonando en vivo, malabaristas y presentaciones circenses, stands con diseños sublimados, collages que rompían esquemas, tatuadores trabajando sobre piel viva, grafiti en paredes autorizadas y hasta una pequeña feria de comida que le puso sabor al asunto. Una fiesta completa.
Garabato no es solo un encuentro. Es un termómetro de lo que late en los talleres, las azoteas y los cuadernos de los jóvenes creadores...
En lo musical, el blues y el soul estuvieron a cargo de África Salomé junto a su banda. Ella invitó a Cristalino Roots a compartir tarima con su improvisación. Nuestra compañera Astrid (Lolo) Arnaude, amenizó el espacio como selectora musical, aparte de dejar su huella entre murales y pintura.
Recorriendo la feria –con el sol de Los Próceres afuera y y los espacios cubiertos del museo peleando con el calor humano– nos encontramos con varios exponentes del arte visual caraqueño. Aquí sus voces, vivas y reales.
Renzo, “Teos”: el destino del grafiti
“Este espacio es increíble”, arrancó Renzo –conocido en el mundo del grafiti como Teos– mientras señalaba una pared recién intervenida. “Esta es la sexta edición. Es la posibilidad de participar y… bien de pinga, porque hay demasiado destino. No te aburres de nada”.
Le preguntamos si era cierto que los artistas de nueva generación podían exponer y crear allí mismo. “Sí, bastante libre. Como te digo, hay bastante diversidad. Hay que aprovechar la oportunidad para mostrarse”, cerró con una sonrisa.
María José, “Gatita”: feminidad y muralismo
Más allá, junto a un mural enorme, estaba María José, conocida artísticamente como Gatita. Con las manos llenas de pintura fresca.
“Para mí es un honor. Siempre me invitan, es emocionante poder asistir a cada edición, ya sea como muralista o como emprendimiento. Siempre es un soporte para los artistas. Uno tiene que ser agradecido y entregarle algo al público”.
Nos contó que esta era su segunda pintada en la feria. La primera fue un “Bienvenidos” en la entrada, para animar a la gente. “Y este ya es algo más personal: referente a la feminidad y a la belleza de la mujer. Porque soy una mujer artista, entonces me gusta representar eso”.
Echando un ojo
Después de escuchar a Renzo y a María José, me quedé un rato caminando entre los stands, viendo los rostros de quienes compraban, preguntaban, señalaban. Y entendí algo, Garabato no es solo un lugar para vender arte. Es un termómetro de la ciudad. Aquí uno se da cuenta de que Caracas tiene una escena emergente que no espera permiso. Los artistas jóvenes no están en galerías exclusivas ni en circuitos de élite. Están en el Museo de Bellas Artes, sí, pero también en las plazas, en los pasillos del metro, en las paredes que nadie mira. Este encuentro nos permite conocer sus nombres, tocar sus trabajos, escuchar sus procesos. Y eso, en una ciudad donde a veces el arte parece un lujo, es un acto de resistencia. Cuando uno se para frente a un mural de una mujer que reivindica su feminidad, no está comprando un objeto: está llevándose un pedazo de lo que late aquí y ahora. Y eso no lo da cualquier exposición. Seguimos caminando.
Raquel Caldera, “Racoca”: abrir más espacios
Raquel Caldera –en el arte, Racoca, parte del grupo Má– se mostró entusiasmada pero ambiciosa.
“La iniciativa es maravillosa. Para el artista, lo más importante, más que vender, es darse a conocer. Mientras más gente te conozca, tu trayectoria se hace más reconocida”.
¿Y qué pediría? “Que se abriera más seguido. No solo una vez al año o dos meses, sino más seguido. Hay que darle auge al tema artístico”.
Gabriela, “Ela Garra”: el collage como catarsis
Gabriela –Ela Garra en redes, de 23 años– participaba por segunda vez.
“Mi primer evento como artista fue aquí el año pasado, en la quinta edición. Me parece una iniciativa maravillosa, sobre todo para el arte emergente. Venezuela tiene con qué. Aquí en Caracas hay demasiado talento”.
Ella trabaja con billetes intervenidos. Nos mostró una pieza llamada Tejido, donde unía dos billetes diferentes. También hace collage surrealista.
“Empecé a hacer collage seriamente hace dos años, con un proceso de catarsis. Me ayudó a encontrarme. El collage, más que una herramienta de recortar y pegar, ha sido un medio para poder existir y coexistir en el mundo.”
Engendros, colores irreverentes y un fanzine de aves
Otra artista participante, Qarla Queteimporta, que trabaja entre estampados de engendros y colores brutales, lo resumió así:
“Garabato es una oportunidad para el encuentro. No todos estamos en las redes sociales o somos muy visibles. Aquí la gente nos conoce, compartimos buena vibra, aprendemos viendo lo que hacen los demás”.
Sus obras: muchos ojos, bocas, alienígenas, colores irreverentes. Y en ese momento pintaba un paisaje llamado Caracas que te importa, con el Parque Central, el Soto, el chigüire.
“Caracas me inspira demasiado. No hay lugar donde no consiga inspiración. Cualquier rinconcito.”
Llegada la hora del cierre.
Cuando apagaron las luces del MBA, nos fuimos con la imagen de Astrid (Lolo) Arnaude quien, a través de un performance, se transformó en hada desplegando sus alas de fuego. Y con una certeza: Garabato no es solo un encuentro. Es un termómetro de lo que late en los talleres, las azoteas y los cuadernos de los jóvenes creadores caraqueños. Que venga la VII. Y ojalá sea más seguido.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS YARITZA CANTO • @yariyama