18/06/26. Llegamos al Eje del Buen Vivir, en Bellas Artes, cuando la tarde ya comenzaba a calentar. El sábado 13 de junio, Caracas se vestía de colores, texturas y un ritmo particular, el de las agujas tejiendo historias entre las manos. La ocasión era especial, el Día Mundial de Tejer en Público, una celebración anual que convoca a tejedores, curiosos y amantes del arte textil en plena ciudad.
...tejer en público no es solo un acto artesanal, es un acto de amor por lo hecho a mano, por lo que nos conecta con nuestra historia y con los demás.
Lo primero que hallamos fue un círculo de mujeres sentadas, tejiendo mientras conversaban con la calidez de quienes comparten un código secreto. Ahí estaban Verónica (conocida en redes como Vika Doska, artista integral), Yelit (que investigó el origen del evento para su blog) y otras tejedoras, acompañadas por Araceli García, quien es la presidenta de la Fundación Red de Arte, una de las voces más elocuentes de la jornada y Niedlinger Briceño, directora de esta revista además de tejedora.
—El tejido es uno de los oficios artesanales más antiguos —nos dijo Araceli, con la seguridad de quien ha dedicado su vida a este arte—. Podemos situarlo entre 30.000 y 40.000 años antes de Cristo. El hombre necesitaba protegerse del frío y domesticó fibras como el cuero y el cáñamo. Con el hueso como aguja, comenzó a producir los primeros objetos.
Pero no solo habló del pasado, Araceli reflexionó sobre el presente y el futuro del tejido.
—La industrialización redujo el tejido al espacio de lo privado, de la puerta hacia adentro. Por eso hoy celebramos el tejido como una forma de comunicación que nos permite estar en público, conversar, compartir. Tejer no es solo hacer una pieza, es hacer cognición. Es inteligencia, creatividad, brillantez. En la Fundación Red de Arte decimos: es necesario volver a estos oficios de forma masiva, para ser gente inteligente, creativa y brillante. Así que agarra tu aguja y ponte a tejer.
Araceli también nos contó que esta celebración tiene raíces internacionales. "Se lo debemos a una australiana, ahora no recuerdo su nombre (más tarde investigando, me enteré de que se refería a Danielle Landes, fundadora del Worldwide Knit in Public Day en 2005) que vio la necesidad de que el tejido no desapareciera. Promovió la iniciativa hasta que organismos como la UNESCO reconocieron la tejeduría como una actividad cognitiva necesaria, que conecta el cerebro con las manos y desarrolla la motricidad fina".
Verónica, mientras añadía un adorno a su chaleco, complementó:
—Para mí, tejer es una manera de mover la energía. Yo construyo mis propias prendas, me toma mucho tiempo, y eso le da un valor adicional: emocional, afectivo. No es algo que compré en la calle, es algo que hice yo. Es mi patrimonio. Esto va a estar conmigo hasta que me muera, y mis familiares lo heredarán. No es cualquier cosa, tiene tanto cariño que termina siendo parte de tu alma.
Niedlinger Briceño, compartió una reflexión que resonó con todos:
El acto de tejer, de transformar hebras con las manos, es fascinante y terapéutico. Hacerlo en colectivo y en público es revolucionario. Metafóricamente, siempre andamos tejiendo vínculos, redes de apoyo, orgánica. Yo tejo desde los once años, algo que aprendí con las hermanas franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús. Siempre ha sido un espacio íntimo, de refugio, incluso aislador de las atrocidades del mundo. Este día fue bellísimo; me conecta con las historias de las abuelas, que empiezan a echar sus cuentos mientras tejen, y una ahí, espectadora de lo sublime, siguiendo el tejido que ellas empezaron.
Yelit, por su parte, nos habló del origen de esta celebración:
—Esto lo creó una chica que quería demostrar que tejer no es nada más de gente viejita aburrida en su casa. Es una terapia, una actividad que puede hacer cualquier persona a cualquier edad. Aquí en Caracas se está poniendo más frecuente, cada vez es más popular.
Pero el evento no era solo un círculo de conversación. Alrededor, varios emprendedores habían montado sus puestos para exhibir y ofrecer a la venta sus creaciones. Tres de ellos fueron invitados especialmente a participar en esta feria.
Arianna Bello, de Maroa Design, mostraba con orgullo sus piezas en crochet: accesorios, bisutería, ropa, playeras, cojines... todo tejido a mano.
—La idea es convocar a tejedores y también a quienes no saben, para que aprendan técnicas sencillas y se enamoren de este arte maravilloso —nos dijo mientras mostraba sus creaciones.
A pocos metros, Gustavo Sánchez, de la marca Góxica, exhibía miniaturas tejidas con una precisión asombrosa.
—Me dedico a la juguetería tradicional y tejido en bastidor. Este día es especial para compartir con el público y mostrar los diversos tejidos que se pueden elaborar —comentó, mientras una pequeña figura cobraba vida entre sus manos.
Yelit, además de su rol como investigadora, también participó como expositora, compartiendo su conocimiento y su pasión por el tejido con los visitantes que se acercaban a su puesto.
Araceli, con su mirada siempre atenta a las raíces, nos recordó que el tejido en Venezuela tiene una deuda con los pueblos originarios.
—En las poblaciones indígenas, como los Warao o los Wayúu, el telar es fundamental. Las Wayúu tejen con una aguja hecha por ellas mismas, y se les llama "cualeque", que significa araña en wayuunaiki. Ellas son las grandes maestras del tejido en nuestro país, junto con los pueblos mexicanos y centroamericanos. A ellas les mandamos un saludo, porque con ellas festejamos este día.
El crochet, como nos explicó Verónica, tiene su propia historia.
—El crochet apareció para aproximarse al encaje, que era una técnica muy cara y codiciable, al alcance de pocas mujeres. Entonces empezaron a confeccionarlo con ganchillo, y con el tiempo cobró su propio valor como arte.
Otra participante de la exposición, que prefirió mantener el anonimato pero compartió su experiencia, añadió:
—Desde niña quise aprender. Me equivoqué mil veces, pero ahora me siento triunfadora. El tejido no tiene precio. Cuando lo adquieres de una artesana, también lleva su energía, su trabajo, sus días. Es algo que trasciende lo material.
El evento no fue solo un muestrario de técnicas y productos, sino un espacio de encuentro intergeneracional. Verónica lo resumió así:
—Somos arañas. Las arañas son las mujeres expertas tejedoras, manejamos diferentes técnicas y niveles. Cada segundo sábado de junio salimos a la calle, nos encontramos, mostramos lo que hemos hecho, compartimos códigos y, básicamente, hacemos una comunicación hermosa, a veces silenciosa, siempre bonita.
Al caer la tarde, las agujas seguían moviéndose entre esas manos creadoras, las risas se mezclaban con el ruido de la ciudad y el Eje del Buen Vivir se llenaba de una energía especial, la de quienes saben que tejer no es solo hacer puntos, sino tejer lazos.
El evento culminó a las cinco de la tarde, pero la jornada no terminó para nosotros. Justo al lado, en la plaza de la Unearte, nos esperaba un concierto de Rock en la calle, con esa energía caraqueña que enlaza lo artesanal con lo urbano, lo tradicional con lo contemporáneo. Porque al final, como bien dijo Araceli, tejer es también una forma de resistencia (como el rock), de memoria y de comunidad.
Y nosotros, desde Épale Ccs, nos sumamos al llamado. Porque tejer en público no es solo un acto artesanal, es un acto de amor por lo hecho a mano, por lo que nos conecta con nuestra historia y con los demás.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art