En Venezuela, el sionismo no es un concepto lejano ni un eco de conflictos en Medio Oriente. Es una realidad con tres caras bien definidas que se mueven en el escenario nacional. una comunidad judía que prefiere mantenerse al margen del discurso político, una estructura organizada con vínculos internacionales, y un poderoso movimiento evangélico que ha hecho del apoyo a Israel un pilar de su teología y su accionar social.
El poder de las organizaciones formales, donde La estructura más visible del sionismo en el país es, la Federación Sionista de Venezuela (FSV) , adscrita a la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV) , que agrupa a las principales instituciones judías del territorio. Lejos de ser un ente simbólico, la FSV mantiene actividad constante. En 2025, por ejemplo, impulsó la elección de delegados para representar al país en el Congreso Sionista Mundial, evidenciando que los lazos organizativos con Israel están vigentes y en funcionamiento.
La comunidad judía, una voz... prudente. Aquí aparece el primer matiz importante. La CAIV se define como una institución "apolítica" y sus voceros han declarado públicamente que, pese a la retórica oficial que señala al "sionismo" como un enemigo, en Venezuela no se siente persecución antisemita. Esta posición refleja una estrategia de supervivencia, la comunidad judía local prefiere el bajo perfil y la práctica religiosa sin estridencias políticas, así se diferencia del sionismo como ideología de Estado.
El sionismo evangélico es el actor criollo, éstas iglesias evangélicas sionstas son el fenómeno más sorprendente. No se trata de una influencia importada, sino de un movimiento con raíces profundamente venezolanas. La Obra Evangélica La Luz del Mundo (OELLM) , con sede en Guanare, es un ejemplo claro: adoptan liturgias judías, celebran festividades de Israel y predican el apoyo incondicional al Estado judío como requisito profético.
Su influencia llegó a tal punto que su líder, el pastor Banks Puertas, mantuvo un intercambio epistolar con el presidente Hugo Chávez entre 2006 y 2009, advirtiéndole sobre un "castigo divino" por romper relaciones con Israel. Este caso demuestra que el sionismo evangélico tiene poder real y capacidad de interlocución con el poder político.
El gobierno bolivariano ha convertido al "sionismo" en un antagonista discursivo, asociándolo al imperialismo y a la derecha internacional. Figuras como el opositor David Smolansky, por nombrar un ejemplo, han sido señaladas como parte del "proyecto sionista" en Venezuela, lo que alimenta una narrativa de confrontación que, sin embargo, no se traduce en políticas antisemitas concretas contra la comunidad judía local.
Conclusión, un mosaico complejo. El sionismo en Venezuela no es un bloque monolítico. Es un mosaico donde conviven una comunidad que se protege en el silencio, una estructura formal que mira a Jerusalén, y un evangeliario criollo que cree que apoyar a Israel es parte del plan divino. Entender esta triple realidad es clave para no caer en simplificaciones y para leer con claridad cómo la geopolítica global se repliega en nuestras fronteras.