11/07/26. Final de la tarde, un día de fiesta nacional, Batalla de Carabobo y San Juan Bautista, piso 3 de la residencia Perla Mar, Caribe, parroquia Caraballeda. Loli decidió quedarse en La Guaira con Jade Luna, su hijita de ocho años. Ese día era de descanso, salieron a comer helados, todo iba tranquilo, volvieron a casa a divertirse, se puso un tema de una banda venezolana que recién conoció de pop punk, llamada Pinky promise, y se montó un agua de té para matar un malestar leve de gripe.
Minutos después le suena esa alarma aturdidora, un tono fuerte y extraño que muchos no queremos volver a escuchar. “Yo lo único que pude leer en la pantalla de mi teléfono fue: prepárate para agarrarte fuerte". Sale del apartamento y mira cómo los árboles tambalean de un lugar a otro, agarra a la niña y se metieron rápidamente bajo de la mesa "nos abrazamos y en un segundo caímos, se desplomó completamente el edificio encima de nosotras, fue bastante aterrador…”.
nos abrazamos y en un segundo caímos, se desplomó completamente el edificio encima de nosotras, fue bastante aterrador…
Quedaron en oscuridad absoluta, y la cantidad de escombros y tierra que levantó la estructura al caer era bastante grande y eso hizo que sintieran asfixia por un rato. Al caer, Loli procuró mantener la calma, pero me confiesa que por dentro estaba quebrada, mas siendo la adulta debía mantenerse estable para sostener a su pequeña. El impacto hizo que Jade llorara gritando “mamá, no me quiero morir”, y en conversa constante, respiraban juntas lentamente para no quedar sin oxígeno, —lo aprendido del yoga y la meditación se hizo presente-.
Los gritos de auxilio estaban muy cerca de ellas. En el piso de arriba, una familia de papá, mamá, un niño y un adolescente, pero el que se escuchaba más claro era el niño pidiendo al hermano que le quitara a su papá de encima, el hermano le respondía que no podía ayudarlo, que se sentía muy mal. “… Al rato escuchamos agonizar al hermano mayor, no puedo decir por cuánto tiempo porque la noción la perdí pero estuvo rato hasta que escuchamos su último aliento, fue un momento muy duro, nunca pensé que en mi vida iba a escuchar a una persona agonizar tan cerca y sin poder hacer nada”. Ahí en comunicación con el niño, único sobreviviente de su familia, juraron que si salían ellas primero hablarían para rescatarlo y si él salía primero haría lo mismo.
Loli nos relata que hubo cosas que permitieron que resistieran 60 horas bajo los escombros: encima de la mesa había un pan rebanado que cayó cerca de ellas y tanteando con las manos pudo dar con él, Jade hizo bolitas de pan para poder comer, tenían miedo de ahogarse porque no salivaban y tenía mucha sed. Otra de las cosas que fueron descubriendo esas horas fue que cada cierto tiempo entraba una corriente de aire muy leve y la indicación a su hija fue que cuando entrara la corriente tomara aire profundo. Encima de la mesa también estaba el bolso escolar de Jade Luna que les sirvió para tener los cuadernos y apoyar el cuerpo del piso sin lastimarse. También encontraron una cajita feliz con la que jugaba Jade siempre, dentro había un pito, una bolsita con retazos de tela y una especie de tacita donde la niña guardaba las plastilinas, pero estaba vacío.
La artista, también conocida como Lolo, sin saber absolutamente nada de orinoterapia, y sólo por intuición, se aferró a la vida “… se me ocurrió, intuitivamente, que podía beber mi propio orine, agarré el potecito donde mi hija guardaba su plastilina y oriné allí para intentar tomar un primer sorbo, fue desagradable, un sabor indescriptible, ácido, efervescente, un olor muy fuerte y concentrado, creo que mis riñones no estaban preparados para darme orina e hidratarme, lo logré, al ratito empecé a salivar”. Ahí se dio cuenta que podía resistir con ese método e invitó a su niña a tomar de su propia orina, pero le dio muchas náuseas y si vomitaba iba a ser peor soportar el olor con el poco oxígeno.
… se me ocurrió, intuitivamente, que podía beber mi propio orine, agarré el potecito donde mi hija guardaba su plastilina y oriné allí para intentar tomar el primer sorbo, fue desagradable, un sabor indescriptible, ácido, efervescente, un olor muy fuerte y concentrado, creo que mis riñones no estaban preparados para darme orina e hidratarme, lo logré, al ratito empecé a salivar.
Ella siempre mantuvo la fe, nunca dejó morir la idea del rescate y en medio de la oscuridad y el miedo lo visualizaba una y otra vez, “de los pensamientos más crudos que pude tener ahí fue que no iba a salir sin mi hija, íbamos a salir las dos vivas o las dos muertas, pero jamás iba a dejar a mi hija allí…”.
Loli dice que, al rato, sin saber cuánto tiempo había pasado, escuchó una voz cerca que decía: “¿hay vida?”, “¿hay alguien ahí?” "…era el teniente Rafael, que luego conocí en persona, esa voz me preguntó '¿quiénes están?' y le dije 'madre e hija', ahí me preguntó mi nombre y dije 'Astrid y Jade'”. En ese momento sintió mucho alivio porque además escuchó la voz de su amiga Jade Macedo, quien hizo un mapa del apartamento de Loli para lograr ubicarla y logró rescatar algunas cosas de su habitación.
Ella cuenta que más allá de la experiencia, de la inteligencia, quienes la rescataron estuvieron guiados por el corazón. “…el momento más bonito o más esperanzador fue cuando me alumbraron y yo alzo la mano y me ven, yo sentía que estaba naciendo de nuevo, era luz luego de mucha oscuridad”.
…el momento más bonito o más esperanzador fue cuando me alumbraron y yo alzo la mano y me ven, yo sentía que estaba naciendo de nuevo, era luz luego de mucha oscuridad.
Cuando vemos el video del rescate, nos damos cuenta que Jade salió muy lúcida, con los ojos bien abiertos, había podido dormir un poco sobre su madre, en cambio Loli estaba con ojos sensibles, cansada, encandilada, y es que esa negrita fue quien sostuvo en todos los sentidos a la pequeña.
El mismo miércoles que supimos que Astrid y Jade estaban en el edificio colapsado, nos organizamos un grupo por WhatsApp llamado “Comisión de rescate Caribe” para operativizar la misión. Fue un grupo de familiares, amigos y amigas, una red de artistas y gente de la movida caraqueña la que hizo posible este rescate, por supuesto, acompañados de expertos como Protección Civil y guardias. Fue la madrugada del sábado 27 que recibimos un video donde sacaban a Jadecita y tras de ella, su mamá.
“Agradezco inmensamente a las personas que me recibieron allí, el teniente Rafael, quien dijo: 'tápenla, tápenla porque ella está descubierta y muy vulnerable'. Vi muchos rostros conocidos y yo lo que sentía era paz, ahí me acostaron y luego acostaron a mi hija al lado y ahí fue cuando salió un llanto de liberación y agradecimiento a la vida”.
En el gremio artístico y urbano, ella es mejor conocida como Lolo o Loli, es una joven de 35 años, que, desde el 2022 ilustra para la revista Épale CCS, se ha dado a conocer por sus maravillosos murales con el proyecto Ciudad Mural. También la hemos visto en performance con fueguitos, jugando en encuentros de artes como Garabato, además hemos vacilado su selección musical con vinilos en una que otra rumbita caraqueña. Todo esto y mucho más hace la talentosa Astrid Arnaude, quien expresa que toda esa red y amor cultivado fue quien la salvó.
POR NIEDLINGER BRICEÑO PERDOMO • @linger352
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta
FOTOGRAFÍA ARCHIVOS DE RESCATISTAS