15/07/26. El doble terremoto que azotó a Venezuela el 24 de junio encendió un intenso debate espiritual. Ciertos líderes y grupos cristianos han señalado los rituales sincréticos y la santería como los desencadenantes de esta catástrofe telúrica, reavivando una larga historia de antagonismo religioso en el país.
Mientras algunos claman por erradicar cualquier expresión de idolatría... la sociedad civil debate sobre la urgente necesidad de promover la libertad de culto, la tolerancia y el respeto por la diversidad cultural...
Aquella tarde en plena celebración de San Juan Bautista en la costa de La Guaira, la tierra venezolana crujió. Un fuerte doblete sísmico impactó el centro-norte del territorio, causando estragos materiales y cobrando decenas de vidas. Paradójicamente, la tragedia no sólo dejó daños en infraestructuras y hogares, sino que desató una violenta confrontación discursiva en las plataformas digitales.
Para las comunidades afrodescendientes y practicantes de religiones sincréticas, la festividad de San Juan es una expresión cultural centenaria, una fusión de raíces africanas y católicas que forma parte de la identidad venezolana. Sin embargo, la creciente influencia de sectores cristianos monoteístas y conservadores ha cambiado el panorama. Diversos líderes cristianos, organizaciones evangélicas y figuras influyentes han calificado abiertamente estas prácticas como santería, espiritismo y culto a María Lionza como actos de "idolatría" y "brujería" que provocan la ira divina.
Entre el sincretismo y el juicio divino
A través de redes sociales como Instagram y Facebook, se viralizaron videos grabados de momentos antes y durante los sismos, donde se observaba a feligreses al ritmo de los tambores de San Juan. Ciertas voces fundamentalistas interpretaron cánticos y bailes donde se alude al temblor de la tierra como una invocación oscura y directa que provocó el desastre natural.
Para estos grupos, la tolerancia hacia cultos sincréticos como la santería representa una desviación moral de la nación y una ofensa al Dios creador. Posturas fundamentalistas sostienen que las tragedias son "castigos divinos" que buscan purificar al país de la idolatría. Este discurso no sólo ha estigmatizado a las comunidades afrodescendientes, sino que ha profundizado la polarización dentro de una sociedad venezolana que busca recuperarse del impacto de los temblores.
Rechazo a la intolerancia y el llamado a la cordura
Frente a la ola de señalamientos fundamentalistas, diversas voces teológicas, intelectuales y defensores de los derechos humanos han alzado la voz para condenar lo que consideran un discurso de odio e ignorancia. Teólogos y líderes religiosos moderados argumentan que atribuir desastres naturales a la "ira de Dios" contra grupos religiosos minoritarios es una teología peligrosa y carente de sustento.
Expertos en geología han reiterado que Venezuela se encuentra en una zona de alta sismicidad, sujeta a fallas tectónicas como las del sistema Caribe-Sudamérica, y que los movimientos telúricos responden exclusivamente a dinámicas geofísicas, no a rituales ni prácticas espirituales de los ciudadanos. La cercanía temporal y espacial de ambos eventos se debió a una compleja liberación de energía en el sistema de fallas geológicas (Boconó, San Sebastián y El Pilar) que atraviesan la frontera entre las placas del Caribe y Sudamericana. Científicos explicaron que el primer sismo superficial provocó una fractura que desestabilizó de inmediato una segunda zona, causando el fenómeno conocido como "doblete sísmico".
…En medio de la emergencia que atraviesan los venezolanos, el debate expone una fractura cultural latente…
Sin embargo, para millones de usuarios en plataformas digitales, la ciencia no fue suficiente. En medio de la emergencia que atraviesan los venezolanos, el debate expone una fractura cultural latente. Mientras algunos claman por erradicar cualquier expresión de idolatría para apaciguar un supuesto juicio divino, la sociedad civil debate sobre la urgente necesidad de promover la libertad de culto, la tolerancia y el respeto por la diversidad cultural que históricamente ha definido a Venezuela.
Las teorías apocalípticas se entrelazaron con discursos polarizantes donde se culpaba a diversos actores políticos, gobiernos extranjeros e incluso a minorías de ser los artífices de la catástrofe. La desinformación funcionó como un arma psicológica. En lugar de utilizar la tecnología para alertar a los ciudadanos, las plataformas digitales se inundaron de imágenes creadas con inteligencia artificial que mostraban supuestos rescates, masivos derrumbes y víctimas recreadas artificialmente que aumentaron de forma exponencial la angustia de los familiares.
El principal combustible de esta ola de desinformación fue la incertidumbre y el miedo, sentimientos que son rápidamente capitalizados por cuentas anónimas dedicadas a la monetización del caos. Los algoritmos premian el sensacionalismo, lo que permitió que mensajes que incitaban a la culpa y al odio circularan mucho más rápido que las actualizaciones oficiales de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) o de la Organización de las Naciones Unidas.
...En lugar de buscar culpables donde no los hay, este es un momento para la empatía, la solidaridad y la acción comunitaria...
La teología del castigo y los mitos en torno a la santería o los cultos tradicionales no deben desviar la atención de la realidad geológica. Las placas tectónicas y las fallas geológicas son los únicos responsables de estos eventos.
Frente a la tragedia que ha enlutado a tantas familias, resulta indispensable separar el dolor humano de los prejuicios y la desinformación. La devastación provocada por el doble terremoto no responde a castigos divinos, prácticas espirituales ni mucho menos a cultos específicos; es, sencillamente, la manifestación ineludible de la dinámica de nuestro planeta. En el norte de Venezuela, la constante fricción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana acumula tensiones tectónicas que, tarde o temprano, la Tierra necesita liberar.
En lugar de buscar culpables donde no los hay, este es un momento para la empatía, la solidaridad y la acción comunitaria. La naturaleza actúa bajo sus propias leyes físicas, ajenas a las creencias y dogmas de los hombres. Nuestra verdadera responsabilidad como sociedad no radica en juzgar la fe del prójimo, sino en exigir y aplicar mejores políticas de prevención, construir infraestructuras verdaderamente sismorresistentes y educar a la población sobre cómo actuar ante estos fenómenos inevitables.

POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta