Para abordar el Filin, bastaría con reseñar a José Antonio Méndez y Narciso Cesar Portillo de La Luz, como los dos integrantes mas relevantes del movimiento, y por supuesto, otras grandes figuras, incluidas Elena Burke, Omara Portuondo y Ela Calvo, sin embargo, vamos a seguir enfatizando en el Callejón de Hamel, y en sus habitantes, encabezados por Tirso Diaz, su hijo Ángel y descendientes. No hemos llegado a, por cualquier extraña o hasta normal razón, de por que Tirso y familia fueron a parar al fulano callejón, seguramente pudo ser que los muchachones del Filin, incluido Tirso, a pesar de ser musico, guitarrista, compositor y enamorado, que era otra de las virtudes trovanas, eran obreros en su mayoría, y a lo mejor por eso se puso en la vivienda, que seria memorable con el tiempo.
En uno de mis ejercicios de ficción, escribía, y disculpen que me cite a mi mismo: “¡Si Edgar Allan Poe hubiese sido cubano, no se habría pelado “Los misterios del Callejón de Hamel”, habría escrito por ejemplo, que entre las calles Belascoaín, Zanja, Infanta y Neptuno de La Habana, se encuentra el pintoresco barrio de Cayo Hueso, y que conoció en París en la primavera de 18.. a un norteamericano de ascendencia franco – alemán de nombre Fernando Belleau Hamel, nieto de John Bellow Hamel (1818-1893) y Henriette Penot (1818-1901), e hijo de Henry Clay Belleau Hamel (1885-1965) y Mercedes Bellow Hamel (1861-1947), que compró aquel vecindario.
Cuentan los cronistas que el barrio puso su nombre al Callejón debido a la generosidad del emigrante con los trabajadores bajo su mando, pues muchas de las viviendas todavía allí existentes fueron construidas para sus trabajadores, acto de altruismo poco común en los ricos de la época. Pero el misterio que habría de desentrañar Poe u otro de los investigadores sería el ¿por qué? en esas coordenadas de las calles Aramburu y Hospital, a una escasa cuadra corta de San Lázaro, – en los terrenos que en los albores del siglo XX compró Hamel, para jornadas de fundición y licuado, ocurrió uno de los fenómenos musicales más portentosos desde mediados del siglo, el filin, que precisamente licuaría boleros cubanos y jazz norteamericano.
La bohemia era el caldo de cultivo de los movimientos musicales del Caribe y sus alrededores, así sucedió con el Filin, un movimiento musical de La Habana, de finales de los 40, creado por músicos que se reunían a descargar en casa de Tirso Díaz en el Callejón de Hamel, rompiendo sutilmente con la trova tradicional, imbuyendo sus creaciones de una nueva emoción al cantar, un nuevo sentimiento, de ahí la castellanización de feeling, y una marcada influencia del jazz estadounidense en general, y una particular inspiración en la forma de cantar de Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan.
El Callejón de Hamel era un estado de rumba permanente. Me contó Elena Burke, en el 88, en su casa de La Habana, al son de una botella de Ron Paticruzao que nos tomamos enterita; que la primera vez que fue a casa de Angelito Díaz, (hijo de Tirso), estuvieron cantando hasta las 6 de la mañana, y ella era la única mujer esa noche: “Ese fue el primer día que yo entré en conexión con el Filin. Estaba César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Justo Puente, Luis Yáñez, Eligio Valera, Angelito Díaz y su papá Tirso, que también era trovador…”
Ela Calvo, me contaba, que ella era una muchachjta y que para ese entonces se montaban en su filin porque allá iban a parar todos los filineros. José Antonio Méndez se la pasaba allá, el que iba menos era César Portillo de la Luz. Allí comenzó con ¨Los Muchachos del Filin¨, Armando Guerrero, Armando Peñalver, Pablo Reyes, Jorge Masó, y al guitarrista Roberto Guyún, quien la acompañó durante un largo rato de su vida artística. También la acompañaron Juanito Martínez y menos pero también, Martin Rojas, el ciego maravilloso como lo recuerda con cariño.
Pero mas allá de los determinismos geográficos, o si se quiere urbano, hay que fijar un parámetro. Antes de entrar en materia entonces, revisemos los antecedentes del filin, en el artículo de Rafael Lam, en La Jibirilla, “El Filin en tres tiempos”: El filin, como casi todas las músicas, se alimenta de un antecedente. El movimiento de los muchachos del filin no estaba integrado por músicos calificados de escuela —eran empíricos— y se hallaba animado por voces pequeñas, con modestas guitarras. Simplemente cantores de sus propias canciones.
Lam señala que: “Según especialistas como Helio Orovio, Leonardo Acosta, Rosendo Ruiz Quevedo, Guyún y otros, los antecedentes de todo esto hay que buscarlos en los calificados pianistas compositores de canciones-boleros, repertoristas, directores de cuartetos y orquesta de las décadas anteriores. Fue una especie de intermedio entre la trova tradicional y el filin. Ellos sientan una nueva línea melódico-armónica con la cual llevan lo romántico a un estadio diferente. Algunos de sus principales exponentes fueron Orlando de la Rosa (No vale la pena), Pedro Junco (Nosotros), Isolina Carrillo (Dos gardenias), René Touzet (No te importe saber, Anoche aprendí, Conversación en tiempo de bolero), Mario Fernández Porta (Mentiras tuyas), Osvaldo Farrés (Toda una vida, Quizás quizás, quizás), Bobby Collazo (¿Qué te has creído?), Adolfo Guzmán (Al fin amor), Julio Gutiérrez (Inolvidable, Llanto de luna), Juan Bruno Tarraza (Soy tuyo), Ignacio Villa (Si me pudieras querer), Fernando Mulens (¿Qué te pedí?), Candito Ruiz (Ya es muy tarde) y Ernesto Duarte (¿Cómo fue?).
Por supuesto que sin soslayar, las peñas de los viejos trovadores finiseculares influídos por el cadencioso ritmo del cinquillo danzonero, pasando por los agitados años transcurridos entre la furia del son oriental y los vendavales sociales y políticos; por aquí desfilan Pepe Sánchez, Sindo Garay, Villalón, Rosendo Ruíz y Manuel Corona, como diría Leonardo Acosta en el prologo del libro “Historia del bolero cubano” de nuestro querido profesor Luis Antonio Bigott. O para decirlo con Emir Garcia Meralla: “Los primeros hombres de la trova —a los que se ha llamado los padres fundadores— asumieron a la guitarra como la dama de compañía por excelencia. El trovador era su guitarra, sus canciones, un lugar donde cantarlas, y un largo trago de ron como alimento espiritual. Así, nuestros abuelos supieron, conocieron y escucharon a Sindo, a Corona, a Rosendo, a Villalón. También había otros trovadores dignos de mención como Tirso Díaz, Teofilito, Emiliano Blez, Oscar Hernández, María Teresa Vera, Gustavo “El Gallego” Parapar, Graciano Gómez y muchos más que harían larga esta lista”. En la que inclue a Tirso, padre de Angelito y abuelo de las nuevas generaciones de los Diaz en el Filin, parafraseando el título del álbum “Tres Diaz en El Filin”, grabado por sus descendientes, y sobre el cual Alexander Diaz declara a Helson Hernández: “Tenia la idea desde hace tiempo de poder realizar este trabajo en solitario, y tuve la suerte de contar aquí con una excelente productora, Roxana, quien escuchando un día mis temas en casa fue quien me propuso llevarlos a un trabajo discográfico.” Tres Diaz de feeling,” Diaz por el apellido, para mi es una joya pues participa mucha gente importante.
En este disco grabé con Omara Portuondo, Pablo Milanés, Beatriz Márquez, Chucho Valdés, quienes fueron mis invitados. Pero a veces hay muchas personas que igualmente intervienen, aunque detrás de bambalinas como se dice, y por eso tengo que mencionar a Samuel Formell, Dagoberto González Junior, Germán Velasco, muchas cosas se grabaron en los estudios de Pablo. Este disco se firmó con Sony Music de México, y estuvo nominado en el evento Cubadisco. Nos interesaría muchísimo que este trabajo se licenciara en algún momento para el territorio cubano, así el público de la isla puede tener acceso al mismo”.
Lamentablemente no pude encontrar ese disco, para corroborar si Angel participo en esa grabación, porque en el libro “No me vayas a engañar”, de Santiago González y Reinaldo Viloria, aparece que “En el 2008, junto a sus descendientes Nelson y Alexander grabo un álbum bajo el sugestivo título “Tres Diaz en el Filin”… de lo poco que pude percibir en el video de “Conversando con la luna”, ciertamente fue una grabación en solitario de Alexander, aunque como decía también es posible que Angel participara también, porque vivía todavía, el falleció en diciembre de 2009.
Otra cosa importante que me enteré por la entrevista a Alexander Díaz, fue de su abuela Lina Ramírez precisamente fue fundadora de las conocidas “Mulatas de Fuego. ” A la casa de mi abuela le decían la Casa de la Cultura, porque cada vez que terminaban las descargas en cualquier lugar que fuera, terminaban todos juntos en una especie de resumen de amigos en la casa, y por allí pasaban muchísimas de las personalidades de la cultura del país, no solo de la música, entonces imagínate como tuvo que influir en mi persona mi abuela pues ella promovía todo aquello”.
Finalmente, cerramos con prácticamente el árbol genealogico del artista, que lo ha signado a su vida musical, si la abuela Lina fundo Las Mulatas de fuego, en las que participaron Celia Cruz y Elena Burke
A la pregunta del periodista. ¿Y ya que hablamos anteriormente de la tradición familiar en la música, usted proviene de un apellido reconocido en la cultura cubana? Respondió:
Bueno yo soy sobrino de Isaac Delgado, quien es hermano de mi padre Nelson Díaz por la parte materna de mi abuela Lina Ramírez. Por otro lado el apellido Díaz, como bien usted expone, ha contribuido mucho a la música cubana, mi bisabuelo Tirso Díaz, mi abuelo Ángel Díaz, mi padre ya mencionado, en fin, todos ellos son fundadores del llamado movimiento feeling cubano. Dentro de mis conciertos, en las descargas, siempre le doy ese espacio a la herencia del feeling, que confieso para mi resulta inseparable.