24/08/26.- En la parroquia San Bernardino, tres campamentos transitorios albergan a decenas de familias que perdieron sus hogares tras el doble embate sísmico del 24 de junio. Son el Campamento Guayana Esequiba, el Campamento Ávila 1 y el Campamento Ávila 2. En ellos, más de doscientas personas —entre niños, adolescentes, adultos y adultos mayores— han encontrado no solo techo y comida, sino también un espacio donde la cultura y la recreación se han convertido en herramientas para sanar heridas y construir esperanzas.
Ruta de la Esperanza se llama la iniciativa que, de la mano de Misión Cultura, ha llevado actividades artísticas y recreativas a estos campamentos. Frank Baptista, responsable del Campamento Guayana Esequiba y artista multidisciplinario, lo explica con claridad: "Aquí se están realizando los talleres para los niños, para los adultos mayores, para los adultos jóvenes y los adolescentes. Hemos traído la Casa del Teatro, que va a presentar una obra muy bonita con títeres. También hacemos talleres de títeres, dibujos, canciones de rondas infantiles, magos, payasos y todo lo demás, para que los niños y niñas y adolescentes se recreen".
Frank no solo coordina; también participa activamente. "Yo soy cantante, soy artista", comenta con una sonrisa.
Un trabajo que abarca toda la parroquia
La Ruta de la Esperanza no se limita a un solo campamento. Aides Montes, coordinadora de los gabinetes culturales dentro de la parroquia, detalla el alcance: "Tenemos un representante por cada campamento. Aquí en nuestra parroquia tenemos tres campamentos: el Guayana Esequiba, el Ávila 1 y el Ávila 2. ¿Qué estamos haciendo? Trayéndoles ánimo, entusiasmo, alegría a estas personas que de una u otra manera pasaron ese mal momento, inclusive hasta nosotros mismos. Tratar de que no les sea tan difícil estar acá".
Aides enfatiza que el trabajo ha sido integral: "Los huéspedes de cada campamento tienen todas sus comodidades, tienen su medicina, su educación, su recreación. Y por parte de nosotros, toda la ayuda posible que le podemos dar tanto a los niños como a los adultos mayores".
Yuleyma Antivero, animadora sociocultural de Misión Cultura, describe su experiencia como "polifacética": se dedica a la danza, las manualidades y el teatro. "Nos conformamos para recrear y traer la alegría, colocar nuestro granito de arena para este momento tan crítico. Venimos a poner nuestra mano amiga y a entretener esos pensamientos y esa mente", explica.
El poder sanador de la cultura
Aides Montes reflexiona sobre el impacto de estas actividades: "La mejor arma para tanta tristeza es la alegría. Traerles ese momento de entusiasmo a estos hermanos que han pasado por ese momento tan difícil". Y reconoce que el proceso no ha sido inmediato: "Al principio, tanto los adultos mayores como los adultos medianos estaban muy deprimidos y no salían de su cama, del sitio donde ellos dormían, porque estaban con mucha depresión, muchos sentimientos encontrados, gente que se les fue su familia. Pero después, ellos poco a poco con las actividades se han animado".
La clave, según Aides, ha sido la constancia: "También se les ha traído para ayudarlos cuando ellos salgan de acá, tengan un aprendizaje, un oficio para que se puedan desenvolver. Yo siento que ellos no es que lo han aceptado, pero se sienten mejor".
El payaso Lorito y la conexión humana
Wilmer Helves, creador e intérprete del payaso Lorito, ha estado en la Ruta de la Esperanza desde sus primeras funciones. "El tema de la esperanza es esto: darle un poquito más de alegría a las personas que lo necesitan, tanto a niños como a adultos. Esto es algo que tiene que ser para todos, no solo los niños, sino también las personas que están atendiendo y trabajando con las personas que están por ahí", afirma.
Wilmer destaca la importancia de la continuidad en el trabajo: "Esto es un plan que tiene que continuar, algo que tiene que ser recurrente. Muchos artistas llegan, se presentan y se van. Pero hay que buscar esa parte humanitaria. La gente empieza a ganar confianza con los artistas y empieza a liberarse, a desahogarse. El artista llega a ver esa parte más humanitaria, más sensible, más allá del tema cultural".
Reconoce que la receptividad al principio es lenta: "Obviamente, hay un rechazo. Las personas que lo han perdido todo, que perdieron seres queridos, al principio no se abren. Pero este es un trabajo que tiene que ser consecuente. Tienes que ver al adulto que está allí, que no quiere salir, que está encerrado. Es otro tipo de trabajo que hay que hacer".
Wilmer ha logrado, de forma individual, ese acercamiento: "En algunos refugios me dicen: 'Lorito ya supongo'". Y añade: "Ya ha pasado tiempo, más de un mes y medio. Se ha hecho ya esa vinculación. La gente ya sí, ya sí".
El rincón de la lectura y el legado de Bolívar
Otra de las actividades que se están implementando es la Ruta del Bicentenario de la Lectura de Bolívar. Aides Montes explica: "Estamos implementando un rincón de la lectura en todos los campamentos para los niños, para que ellos sepan quién fue Simón Bolívar y hablarles de él. De allí nos salen para hacer los teatros, para incentivar a los niños. Porque esa es la historia de Bolívar, y el legado de Bolívar son los niños".
Además, se están promoviendo intercambios deportivos entre campamentos y actividades recreativas como pintacaritas y globomagia. "Esas tres tareas —la lectura, el deporte y la recreación— es lo que nosotros llevamos a la alegría, al entusiasmo de estas personas que han pasado por este momento tan difícil", resume Aides.
De la culturs a los proyectos socioproductivos
La Ruta de la Esperanza no se queda sólo en el entretenimiento. Aides Montes señala que también se están articulando con el INCES para ofrecer formaciones en oficios: "Se les están dictando talleres de manipulación de alimentos, de barbería, de muchísimas cosas, para que ellos salgan con algo y tengan más fuerza de seguir adelante. Porque la mayoría de la gente de La Guaira su emprendimiento era la venta de comida, el comercio, el turismo. Gracias a este hermoso trabajo, se les están dictando esos talleres".
Yuleyma Antivero agrega que también están comenzando a formar unidades artísticas dentro de los campamentos: "Mañana tenemos una reunión enlazada con lo que es recreación, deporte, cultura del Ministerio de Educación para comenzar ese trabajo de lleno. También de la mano con el plan vacacional Venezuela Ríe".
Un ejemplo de articulación interinstitucional
La Ruta de la Esperanza es un ejemplo de cómo distintas instituciones se articulan para ofrecer una respuesta integral. Aides Montes menciona que el trabajo está "de la mano de Misión Cultura, el cual está en todos los campamentos de las veinticuatro parroquias". Además, se suman el Ministerio de Educación, el INCES y otras organizaciones.
Frank Baptista invita a quienes quieran conocer más: "Sería bueno que ustedes también pasen por los campamentos en la semana para que vean los talleres que se están formando". Y adelanta que el itinerario de este sábado incluye una obra de títeres del profesor Carlos Arroyo, que durará aproximadamente dos horas.
Un mensaje de esperanza
Aides Montes cierra con una reflexión que resume el espíritu de la iniciativa: "La mejor arma para tanta tristeza es la alegría". Y Wilmer Helves añade: "La esperanza es esto: darle un poquito más de alegría a las personas que lo necesitan".
En los campamentos de San Bernardino, la cultura no es un lujo. Es una herramienta de resiliencia, un puente hacia la normalidad y una forma de recordar que, incluso en medio del dolor, la vida sigue. La Ruta de la Esperanza no solo entretiene: reconstruye el tejido social, teje redes de apoyo y demuestra que, con arte, juego y solidaridad, es posible renacer.
Mientras el país sigue reconstruyéndose, estos tres campamentos son un ejemplo de que la esperanza no es un concepto abstracto: se construye día a día, con títeres, pintacaritas, canciones y, sobre todo, con el compromiso de quienes creen que la alegría también es una forma de resistir.
