Callar y quemarse es el castigo más
grande que nos podemos echar encima
Leonardo en Bodas de Sangre
31/08/26. Todavía hay quienes afirman que no está tan claro lo que pasó el 18 de agosto de 1936 en un paso de Viznar y Alfacar, en Granada, España. Se aduce la falta de pruebas, además, que el tipo era homosexual y, entonces, podría ser un delito vinculado a… e idioteces por el estilo.
Y los vencidos siguen buscando esa victoria que nunca encuentran... El combate contra esos tipos tan poderosos, siempre encuentra rendijas.
En ese vano intento de humo, no se trata de ir en contra de Lorca sino a favor de una visión del mundo a todas luces asesina. Noventa años después, cuando la derecha escala espacios e imposiciones en demasiados lugares del planeta, no solo se continúa repitiendo ese tipo de argumentos, sino que se continúa repitiendo ese tipo de bestialidades.
Es de imaginarse a ese hatajo de leales franquistas, ignorantes, infatuados celebrando con carcajadas sus actos humillantes, declarando su superioridad moral, disparando sus balas, alardeando su supremacía en armas y respaldo económico sobre el enorme poeta, el inmenso dramaturgo, el director profundo, el ser humano siempre entregado a lo hermoso de la existencia.
En 1937, a apenas un año del crimen, Fernando Briones, un amigo de Lorca, mostró Alegoría del fusilamiento de Federico García Lorca. Desde entonces esta pintura se hizo parte de la rememoración del asesinato. La imagen acompaña al poeta, se coloca al lado de su poesía, de sus pinturas, de su dramaturgia y su irrenunciable militancia por la vida.
En 1814, ciento veintidós años antes, Francisco de Goya da cuenta del asesinato de Lorca con su impresionante cuadro Los Fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío. Allí cada pincelada, cada color, cada movimiento eterno dan cuenta de un horror y un dolor que parecieran gritar: ¡Que esto no se repita! Aunque el contexto histórico es distinto, Goya y Lorca se hermanan frente al estado de cosas que confrontan. Cuando Goya pinta los fusilamientos al pueblo español por parte del ejército francés, habla de la misma perorata del poder que tienen los franquistas. Ambos artistas enfrentan un discurso impuesto a sangre y fuego. Francisco y Federico fueron discriminados porque no respetaban lo que esa gente siempre cree que hay que respetar: el adocenamiento, la sumisión, el acatamiento de las normas sociales que soportan su poder.
Lleno de balas y desprecios, derribado, sangrante, sin poder sonreír; Federico García Lorca resultó vencedor en esa madrugada que dejó de respirar. Y los vencidos siguen buscando esa victoria que nunca encuentran. Lo hacen con más bombas, más disparos, más secuestros, más robos, más amenazas, más cinismo, más decadencia. El combate contra esos tipos tan poderosos, siempre encuentra rendijas.
¡Hasta la victoria siempre, Federico!

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru
