19/10/26. Estuvo pautada para las cinco y media de la tarde. A esa hora, el sábado 10 de octubre, la plaza de la Juventud, en Bellas Artes, era un espacio vacío bajo una lluvia leve, aunque de esas que en Caracas no piden permiso. La actividad por el Día de Acción Global por Palestina parecía condenada a quedarse en el intento. Pero a las seis y media la lluvia cesó, y la gente empezó a llegar. Llegaron secos, con banderas, con pancartas, con tambores. Y la plaza, que media hora antes era un charco, se convirtió en una de esas cosas que sólo pasan aquí: un acto por Palestina en el corazón de Caracas, con la ciudad respondiendo al llamado.
...la plaza estaba llena. Banderas, pancartas, tambores. Un grupo de bailarinas subió a la tarima. Alguien repartió velas. Y la frase que atravesó toda la tarde se repitió hasta el final: "Palestina libre, desde el río hasta el mar".
La memoria como trinchera de resistencia
El primero en hablar es Abel Mansur, militante del Frente Popular para la Liberación de Palestina y de la Plataforma Internacional de Solidaridad con los Pueblos en Lucha. No empieza por octubre. Empieza por 1881.
"El genocidio contra el pueblo palestino no empezó el 7 de octubre. Empezó antes de la Segunda Guerra Mundial, con la primera inmigración de colonos sionistas europeos al territorio palestino. Nuestro conflicto nace con la creación del Movimiento Sionista Internacional en 1897, con Theodor Herzl, un sionista europeo. El plan era económico, no un derecho histórico".
Habla del reparto colonial, de Sykes-Picot en 1916, de la declaración Balfour, del despojo de 1948, de la ocupación de 1967, de las intifadas. Y de lo que él considera el punto de quiebre: "Vino la batalla del 7 de octubre que derrotó al ejército que llamaban invencible. La resistencia palestina sigue firme. Nunca ha levantado la bandera blanca. Aunque dure cien años más, seguiremos resistiendo hasta lograr la independencia y la soberanía de una república socialista palestina donde puedan vivir judíos, musulmanes y cristianos, sin diferencia de color ni de religión".
Y cierra con una advertencia que no es solo sobre Gaza: "El enemigo es uno solo: el imperialismo norteamericano, el sionismo internacional y la derecha en América Latina. Tenemos que unirnos. No hay imperio que dure para toda la vida".
Por la defensa de la humanidad
Shuruk Duka es coordinadora del Movimiento Venezolano de Solidaridad con Palestina. Habla rápido, como quien tiene prisa por dejar claro algo.
"Hoy estamos en el marco de tres años de genocidio, pero más de 79 años de ocupación, de colonialismo, de exterminio del régimen sionista contra Palestina. Estamos acá como deber humano, con colectivos, organizaciones artísticas, músicos, la comunidad palestina, la Plataforma de Solidaridad, la Unión Palestina de América Latina. Homenajeando a los mártires. No olvidemos que Gaza es Palestina".
Le pregunto por el futuro, por el avance de la derecha en la región. Y responde sin adornos: "El panorama se torna oscuro. Pero yo quiero insistir en la esperanza. A veces se necesita el caos para volver a mirar aquello que nos está reclamando. Volver a la humanidad, volver a reconciliarnos. Al final no es Palestina nada más: es el mundo entero el que lo está sufriendo".
Detener el genocidio, una causa histórica
Hindu Anderi es una de las voces más reconocidas de esta lucha en Venezuela. Cuando la abordo entre el público, antes de que suba a la tarima, me habla con la serenidad de quien lleva años en esto.
"Estamos aquí los movimientos organizados de solidaridad con Palestina, la Plataforma Internacional de Solidaridad con la Causa Palestina y los Pueblos en Lucha, el Movimiento Venezolano de Solidaridad con Palestina y otras organizaciones que hacemos vida en esta causa hermosa. Es un llamado mundial para frenar el genocidio, para denunciar estos tres años de escalada. Porque hay que decirlo: el genocidio tiene más de 78 años".
Le pregunto qué busca este acto. Y responde con precisión: "No alimentar el silencio, ni la indiferencia, ni la omisión de algunas organizaciones, personalidades y gobiernos que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar las condiciones de Palestina. Aquí elevamos nuestra voz para que Palestina sea reconocida como un Estado soberano, para que sus fronteras sean respetadas y para que el genocida invasor sea llevado a las cortes internacionales y pague todo el daño que le han hecho".
Se detiene un momento antes de añadir lo que parece ser el centro de su convicción: "Palestina hoy en día es un pueblo que enfrenta al sionismo, al imperialismo, a todo ese mal. Pero también es la representación de la resistencia, de la insurgencia, de la resiliencia que la humanidad es capaz de sostener a pesar de todos los males".
Un discurso incontenible
Más tarde, Hindu sube al escenario. Lleva un texto en la mano. Y lo que lee no es la continuación de lo que me dijo: es otra cosa. Es más filoso, más de arenga, más de plaza.
"El concepto de genocidio es la destrucción intencional, total o parcial, de un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Y Palestina tiene más de 78 años sufriendo esto. Una destrucción intencional de un grupo étnico, del pueblo originario que habita desde hace miles de años ese espacio".
Su voz se endurece cuando habla de lo que ha visto: "El régimen terrorista de Israel utiliza armas prohibidas contra la población de Palestina y del Líbano. En 1982 ya usaba fósforo blanco. Eso no es nuevo. Pero la comunidad internacional ha asumido el silencio frente a una injusticia que condenó a toda una generación a ser una generación de mutilados".
Y luego, el golpe que deja a la plaza en silencio: "El Israel de 1948 no tiene ninguna relación con el Israel de la Biblia. El tema religioso ha sido un invento de las élites para someter y subyugar al pueblo de Palestina. Tenemos que tocar ese tema, aunque no creamos en Dios. Porque justamente eso es lo que ha permitido que el pueblo palestino hoy esté sufriendo esta barbarie".
Cuando termina, la plaza estalla en aplausos. Hindu baja de la tarima y se pierde entre la gente. No busca protagonismo. Sólo quiere que la causa siga sonando.
Latinoamérica con la causa palestina
Quilka es peruano y vive en Venezuela. Habla con la calma de quien ya hizo las paces con la rabia.
"Es una convocatoria masiva, a pesar de todo. Se fue la luz en algún sector, el metro tampoco ayudó. Pero aquí estamos, expresando nuestra solidaridad con ese heroico pueblo palestino".
Y conecta dos fechas que casi nadie junta: "Estamos a dos días del 12 de octubre, la resistencia indígena. Es la misma bandera, la misma lucha. Son banderas que nos convocan a una lucha global, a romper las cadenas del yugo imperialista y capitalista".
Prohibido olvidar
Los últimos en hablar son Yosbeli Torrealba y Jesús González, de la agrupación Contrastes. Son jóvenes, y hablan desde un lugar distinto: el de quien vio algo en la pantalla y no lo puede olvidar.
"Es lo mínimo que podemos hacer desde nuestras posibilidades. Acercarnos el día de la solidaridad con el pueblo palestino, que tiene tanto tiempo sufriendo lo que nosotros vimos un solo día y no queremos volver a repetir desde ese 3 de enero. Sentimos ese miedo que ellos sienten cada día", dice Yosbeli.
Jesús va más lejos: "No responde a la razón humana. Es economía: la vida de las personas no vale nada para conseguir esos objetivos. Y hay que revisar cómo se nos están infiltrando acá. Se invierte en las iglesias evangélicas para que la gente termine rechazando la lucha palestina y apoyando la tierra prometida de los judíos".
Y cierra con una advertencia sobre la cultura: "La batalla es cultural. No te venden el sionismo directamente: te lo meten por las series, por las redes, por lo que te gusta. Y hay que estar muy consciente para darse cuenta de que hay un trabajo económico detrás".
La plaza de la juventud se desbordó de amor por el pueblo palestino.
A las siete de la tarde, la plaza estaba llena. Banderas, pancartas, tambores. Un grupo de bailarinas subió a la tarima. Alguien repartió velas. Y la frase que atravesó toda la tarde se repitió hasta el final: "Palestina libre, desde el río hasta el mar".
Caraqueños parados en una plaza, gritando por un pueblo a miles de kilómetros. Y eso, en una ciudad que aprendió a resistir en medio de todo, créanlo, es valioso.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS YARITZA CANTO • @yariyama
