23/10/26. La primera vez que se llevó a escena La máquina Hamlet, de Heiner Müller, fue una versión al igual que todas las representaciones posteriores. El texto así lo pide.
La tragedia de Hamlet... es una metáfora de un país inmerso en la incertidumbre, la frustración, si se quiere la rabia. Una metáfora que intenta desentrañar al ser social y, al mismo tiempo, al individuo. Una circunstancia que invita a reconocerse en el otro.
La proposición de Diana Peñalver, sin traicionar a Müller, así como este no traicionó a Shakespeare, podría llamarse la Máquina Grotowski en tanto que hay un claro enunciado en el trabajo riguroso que expresa todo el tinglado: la interacción entre los actores, la sobriedad de los elementos escénicos. La actuación libre y rigurosa de todo el elenco, así como una puesta compleja y limpia. Esta afirmación no quiere decir que se obvia el texto ni la intención de Müller, pero sí que lo subsume al andamiaje del espectáculo comprometido a profundidad con los postulados de Grotowski.
El público recibe un mensaje paralelo: la partitura de la puesta en escena que expresa un significado del hacer teatro. Al mismo tiempo, anclada en la poética de Müller, estamos frente a una lectura de nuestra complicada e incierta realidad inmediata. Los dos discursos se desarrollan en la cara de cada espectador.
Se presencia un evento pensado desde el sentido que tiene el teatro para la humanidad, su carácter ritual, su necesidad de confrontar al que tienes en la butaca y desde la butaca. Es el teatro que se hace entendiendo la condición metafórica de todo lo que pasa en escena.
La tragedia de Hamlet, el personaje de Shakespeare, es una metáfora de un país inmerso en la incertidumbre, la frustración, si se quiere la rabia. Una metáfora que intenta desentrañar al ser social y, al mismo tiempo, al individuo. Una circunstancia que invita a reconocerse en el otro. Escrito en este texto suena a lugar común, pero en escena es una epifanía: Yo espectador soy Ofelia, soy Hamlet, y más cuando el actor enfatiza, “no soy Hamlet”.
Se podría afirmar que el trabajo de Diana Peñalver fue titánico, sin embargo, los titanes eran incapaces de hurgar en las imágenes. Por ello de la expresión nos quedamos con que fue un trabajo descomunal, pero en donde puso alma e imaginación.
El grupo actoral de la Cátedra Grotowski mostró calidad, trabajo y mística. El fenómeno es que, por lo menos en la presentación de la que se habla en este texto, no hubo conmoción, en el sentido de moverse con el otro con relación al público. Parecía más un efecto de distanciamiento que propone Bertolt Brecht. Tal vez tanto cuidado provocó ese efecto. Tal vez sea el abordaje del tema que sumerge en su paradoja, que invita a la reflexión y no a conmoverse.
De ser verdad esto y no una sensación de quien esto escribe, no podría tomarse como un defecto del espectáculo, sino como una característica inesperada.

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoruiz
