31/10/26. La Biblioteca Central de la UCV amaneció distinta el viernes 23 de octubre. A las diez de la mañana, el silencio de los pasillos se rompía con el murmullo de estudiantes, profesores y curiosos que entraban a la sala. Sobre una mesa, un libro con la imagen de José Gregorio Hernández esperaba. No era un libro más. Era el que llevaba años reclamando lo que la devoción popular había dejado en segundo plano: José Gregorio Hernández, científico humanista, escrito por Francis Arguinzones Lugo.
...detrás de esa devoción había un científico que anestesiaba a los animales para no hacerles daño... que hacía consentimiento informado... Un hombre que... "se adelantó"
La presentación se estructuró como foro académico y bautizo editorial en su segunda edición. Abrió el profesor Miguel Ángel Contreras Natera, y luego el decano de la Facultad de Medicina, Mario José Patiño. Pero el corazón de la mañana fueron las ponencias de Carlos Ortiz, María Isabel Giacopini y la autora, Francis Arguinzones Lugo.
El filósofo y el "todo es uno"
Carlos Ortiz habló de la faceta filosófica de José Gregorio. Lo situó en una tradición que viene de lejos: "Cuando declara que todo es uno, está apelando a una perspectiva teológica, católica, cristiana, dictada por la tradición greco-romana de la filosofía, inaugurada por un filósofo platónico que se llama Plotino". Y añadió: "Ese mínimo prólogo, que no tiene más de cuatro páginas en el libro, está lleno de claves".
Lo que más destacó fue el contexto: José Gregorio no hizo pública esa declaración hasta que vio que la suerte de los estudios de filosofía ya estaba decidida. "La reflexión filosófica solo tiene sentido cuando responde a la realidad".
La bioética antes de la bioética
María Isabel Giacopini llegó con una investigación que sorprendió a más de uno. Habló de la medicina experimental del siglo XIX, de Claude Bernard, de la experimentación con animales, del movimiento proteccionista que llevó a juicio al propio Bernard. Y entonces puso a José Gregorio en el centro.
"Yo como investigadora decía: ¿cómo manejó José Gregorio Hernández, a veces en los mil días, la disección, es decir, abrir animales y estudiar, si eres un hombre tan humanitario, tan caritativo?".
La respuesta la encontró en el testimonio de un alumno, José Izquierdo: "José Gregorio extendía su humanidad y su amor al prójimo hasta los animales. Nos insistía con ahínco y se sentía que él tenía un gran dolor moral. Decía que el animal, aunque sea el más terrorífico, el de un mejor aspecto, y el que sea el más vil no debe ser sometido nunca al dolor".
¿Qué hacía José Gregorio? Anestesiaba a los animales antes de los experimentos. "Hasta a la sanguijuela le ponía cloroformo en el agua", dice Giacopini, y se ríe. "Venezuela es el primer país de América que hace una operación con anestesia. Somos pioneros de la anestesia en América Latina".
Pero había más. Giacopini encontró una carta en la que José Gregorio pide al rector Zuloaga que se construyan jaulas para sus animales de experimentación. "No usa animales callejeros, sino animales criados para ese fin, como dice el código ético de la vida. Pide que le asignen personal para el cuidado de sus animales. Está cumpliendo con el capítulo 3, artículo 3, aparte 8 del código de la vida. ¿De qué año es eso? 2010. ¿Cuándo se inicia la bioética? 1930. ¿Cuándo la aplica José Gregorio? 1893. Díganme si no es un impulsor".
Y otro hallazgo: el consentimiento informado comunitario. José Gregorio escribió al ministro de Educación para que le enviara soldados sanos a los que pudiera hacerles una pequeña punción en el dedo índice para extraer una gota de sangre. "Quiero hacer una investigación para ver los glóbulos rojos y compararlos con los de otros países. Pero el soldado tiene que decir si acepta. Describe la metodología, el procedimiento, dice que no le va a traer ninguna consecuencia. Es un consentimiento informado comunitario".
El resultado: descubrió que los caraqueños tenían menos glóbulos rojos que los europeos. Y presentó sus datos preliminares en el primer congreso de medicina en Washington. "Allí decretan la cátedra de bacteriología del doctor José Gregorio Hernández como la primera cátedra de América. Somos los pioneros de la medicina experimental en América".
La autora y un sueño que se volvió libro
Francis Arguinzones Lugo tomó la palabra después. Contó que la investigación comenzó de forma atípica: "Fue a través de un sueño en el que me encontré con José Gregorio Hernández. A partir de ese sueño, en una noche que viví seguramente en las calles de La Pastora, me pudo contactar un profesor que necesitaba que se hiciera una investigación sobre José Gregorio Hernández".
Habló de los años de trabajo, de las noches en la Biblioteca Nacional, de la política del Ministerio de Ciencia y Tecnología de llevar el libro a cada hogar venezolano. Y explicó la estructura de la obra: "No es un libro de compilación, sino de integración de conocimiento, de saberes, de espiritualidades. Es un libro que yo lo consigo como un árbol en el que la raíz es la vida misma de José Gregorio Hernández, el tronco son todos esos años de investigación, y las ramas y las hojas son lo que cada uno de ustedes va a alimentar después de leerlo".
El libro, editado por el Fondo Editorial de Ciencia y Tecnología del Mincyt, recibió el Premio Aníbal Nazoa 2026. Y ya está agotado. "Solicitamos 25 y nos dieron 5. Es el libro que más se busca en las ferias". Habrá segunda edición ampliada, con documentos históricos como la carta que José Gregorio firmó junto a varios médicos en apoyo a Cipriano Castro, conseguida en el archivo histórico de Miraflores, y un estudio ampliado sobre la mujer en la vida del médico.
Cuando terminó su intervención, alguien dijo que estaba de cumpleaños. Y la sala entera cantó. El "feliz cumpleaños" se mezcló con los aplausos, y la autora, sonriendo, recibió el abrazo de los presentes.
El cierre
Al final, los organizadores entregaron ejemplares gratuitos a la comunidad universitaria. La Cátedra Libre José Gregorio Hernández, que cumplió 22 años, aprovechó para reconocer a varios de los presentes. Y quedó la invitación para el concierto del lunes y para la Feria del Libro, donde se presentará la segunda edición.
La mañana terminó con la sensación de que algo se había corregido. Durante décadas, José Gregorio Hernández fue el santo de los favores, el médico de los milagros, la imagen que cuelga en la camioneta. Y no deja de serlo, pero detrás de esa devoción había un científico que anestesiaba a los animales para no hacerles daño, que pedía jaulas y personal para cuidarlos, que hacía consentimiento informado cuando la palabra ni siquiera existía. Un hombre que, como dijo Giacopini, "se adelantó". Y que en el presente, en una biblioteca universitaria, recibió el homenaje que la ciencia le debía.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍA NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art
