24/03/25. Hace unos días, cuando esperaba en la avenida Sucre la camioneta que me llevaría a mi lugar de trabajo, en los quince minutos de espera, conté, aproximadamente, cuarenta motos, de las cuales tres, eran manejadas por mujeres (quizás se me pasaron algunas). En una urbe como esta, la movilidad es un desafío diario, y la moto se ha convertido en una aliada indispensable para muchas personas, también para mis congéneres.
...ninguna mujer parece escaparse del “aparente asombro” de algunos, al verlas apoderándose de las vías... las motomamis: “Te distrae' y yo te adelanto por la derecha”.
Es una herramienta no sólo de movilización, es de trabajo para muchas madres, estudiantes, emprendedoras, pero todas se enfrentan a algo en común, el fuerte tráfico representado, en gran mayoría, por hombres.

Una contracorriente
En plaza Venezuela, uno de los lugares más concurridos de la ciudad, donde nos disponíamos a hacer fotografías de mujeres sobre ruedas, conversamos Jessy y yo con Jorlady Rodríguez, en ese diálogo mis interlocutoras, ambas motorizadas, hicieron comentarios acerca de los desafíos que sortearon antes de recorrer Caracas con su moto. Caídas, correr en la autopista, sugerencias para no caerse al esquivar obstáculo y así, varias cosas que me dejaron en la nube, porque yo no soy motorizada, en todo caso, parrillera.
Jorle, como le dicen de cariño, comparte el asfalto con caraqueños y caraqueñas desde hace dos años. Su pasión por las dos ruedas, nació debido a la admiración que siente desde niña por una prima que tenía una moto roja y que la llevaba a “dar unas colitas”. Así fue, como empujada por la necesidad, compró su primera moto para andar por las carreteras del este capitalino, con casco y visor, a contracorriente.

Les hice la pregunta: ¿Qué se siente ser motorizada en una ciudad como Caracas? ¿Así como nos pasa a las peatonas, que de la nada nos saltan con un piropo, una mirada, un comentario, casi siempre abusivo, así puede ocurrirle a ustedes? Y las compañeras me respondieron.
Jessy me dijo que aunque no ha sido frecuente, en una ocasión un hombre le hizo sugerencias para manejar "mejor". "Una vez frené de golpe porque un carro se metió y el motorizado de atrás hizo un comentario, pero no lo escuché", contó, dejando entrever su capacidad para ignorar lo que no le suma.
Entretanto, Jorle señaló que cuando estaba aprendiendo a manejar la criticaron por la baja velocidad a la que conducía, o la obligaban a desplazarse a otro carril y los conductores de carros se le acercaban de manera imprudente “para atemorizarme”. También muchos hombres se le quedan mirando cuando la ven subirse la moto, “para ver cómo la enciende”.

Lo más curioso es que a Jorle le han preguntado si es lesbiana por manejar una moto sincrónica, a lo que Jessy agrega: "Cuando iba a comprarme mi moto me dijeron: no compres una sincrónica porque te verás machito". Y es que no importa la orientación sexual de las personas, estos vehículos no tienen género.
Más tarde se unió a la conversación Ruddy, hermana de Jorle, quien comparte el placer por la velocidad a dos ruedas. Transita las calles del oeste de la ciudad capital, que suelen ser un poco más desorganizadas que las del este, en cuanto a tránsito.
"Las motos son prácticas y económicas, y siempre me han gustado. Decidí comprarla para evitar el transporte público que es un tema complicado", refiere Ruddy que vive en La Pastora y trabaja en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco. Afirma que ha sido víctima de comentarios incómodos, pero, "he recibido consejos para mejorar", menciona agradecida.
¡Andan como desesperados!
Caracas está llena de normas de tránsito que se irrespetan. La Ordenanza de Convivencia Ciudadana para el Civismo y la Justicia de Paz Comunal del municipio Libertador, es una de las más avanzadas normativas que procura una ciudad más organizada en muchos aspectos.

Sin embargo, Jorle y Ruddy en este diálogo, acotaron que la vía es peligrosa, principalmente porque no se cumplen las normas de seguridad vial. Al igual que su hermana, Ruddy confiesa que ha sido difícil para ella adaptarse a la moto, al tráfico y las calles, debido a los “conductores imprudentes… no respetan las leyes y corren como si estuvieran en una autopista. No son nada pacientes y andan desesperados”.
Rodar por las carreteras de Caracas es un reto para todas las personas que usan un vehículo particular, pero, para las mujeres, es doblemente complicado por la imprudencia de algunos conductores que, además, les faltan el respeto a ellas, ya sea en menor o mayor medida.
El artículo 20 de la normativa que rige la convivencia municipal, define varios actos indebidos cometidos por personas que transitan en motocicletas. La lista es extensa. Sin embargo, por cometer alguna de estas infracciones, el motorizado o motorizada puede tener una sanción de “en bolívares de cien (100) veces el tipo de cambio oficial de la moneda de mayor valor fijada por el Banco Central de Venezuela, o la realización de dos (2) de los trabajos comunitarios establecidos en la presente Ordenanza”.

"Las mujeres conducen a menor velocidad y son más prudentes", asegura Jessy. Yo he podido constatar esa afirmación durante el trabajo de observación al que me he dedicado desde comencé este reportaje. No obstante, como dice Jorle, “he visto mujeres tragándose la luz”, PERO NO SON TODAS.
Finalizo con esta reflexión: ninguna mujer parece escaparse del “aparente asombro” de algunos, al verlas apoderándose de las vías. Como diría la española Rosalía (pese a que no me gusta su música, cito) las motomamis: “Te distrae' y yo te adelanto por la derecha”.

POR SARAH ESPINOZA • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍA JESSIKA SELGRAD • @shot_jesselgrad