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Idilio

26/02/26. Me voy a agarrar de este Idilio, de Alberto Amadeo Rivera. Tití Amadeo. Guitarrista, compositor y director de conjuntos musicales, que nació el 16 de julio de 1903 en el barrio de Bucarones en Puerto Rico y falleció el 11 de agosto de 1968 en Manhattan, Nueva York. Por mucho tiempo creí que era de Willie Colón, porque la Fania así lo dejaba caer abiertamente sin complejo de culpa, o en el mejor de los casos colocaban el terrible D.R., de derechos reservados para esconder a los verdaderos compositores cubanos, en el caso de Idilio portorriqueño. Y aunque quizás no sea el momento de pagar o cobrar deudas, yo si vengo a pagar las mías y a cobrar las de Willie también.

 

 

“A Willie pueden criticarle todo lo que quieran su posición política (yo no congeniaba ni un poquito con él), pero su obra es innegable”... Yo no sé cuándo se echó a perder, pero con el que rompí muchas noches...

 

 

Confieso que le debo a William Anthony Colón Román, la banda sonora de mi juventud, y junto a quienes grabaron con él, a Héctor, Rubén, Celia, Ismael Miranda, Mon Rivera y algunos cuantos más, incluyendo a sus músicos el profesor Joe Torres en el piano, Milton Cardona en las congas, Lewis Khan trombonista y violinista, Johnny Almendra, Jimmy Delgado en el bongo, Sal Cuevas en el bajo, un trombonista que no recuerdo su nombre, Leopoldo Pineda tal vez, que me regañaba cuando pasaba detrás de él, porque si lo tropezaba le partía la boca. Pero eso fue muchos años después, cuando me invitaban a sus giras, gracias a los empresarios Richie Bonilla y Edwin La Cruz. Hasta el Negro Mendoza, ordenaba puerta franca a mi presencia. ¡Es que aquellas páginas centrales mataban la liga! Jeje.

 

 

Eso es lo que no puedo negar, yo crecí con esa música. Cuando Héctor decía en Ausencia, y "ver en el espejo, el rostro mío", yo me retrataba de incógnito. Los recuerdos de mi abuela Remigia Mujica, cuando él cantaba Abuelita, tus refranes me hacían reír, y me identificaba con la suya, Antonia Román Pintor, una figura fundamental en su crianza y carrera. Ella le enseñó español, le inculcó la cultura puertorriqueña y le regaló su primera trompeta a los doce años, impulsando su pasión musical. Su influencia fue tan grande que Willie le dedicó la canción Abuelita en el álbum La Gran Fuga y creo que una Doña Toña. Ella, Doña Toña, llegó a Nueva York, me contaba, en el Marine Tiger el mismo, por cierto, en que llegaron los padres de Eddie Palmieri. Es que esos cuentos que me contaban todos se cruzaban divinamente. En medio de todo Héctor Lavoe, era el referente principal, un faro para un barco en la noche oscura del amor o los peligros de Calle Luna, Calle Sol. Ya Willie como solista dejó buenas olas en ese inmenso mar, el mencionado Idilio, Gitana, Oh que será, o Sueño de Papelote, versión bolereada del tango Sueño de barrilete de la argentina Eladia Blázquez. Otra que me gustaba mucho también fue, Eso se baila así, que era suya, pero la cantaba Héctor vacilándose el boogaloo.

 

 

Al separarse de Lavoe, agotado de la parodia de los malotes, por lo que alguna vez terminaron magullados en un zafacón. En 1977 Willie se retira a los estudios de televisión y produce esa suerte de ballet instrumental salsero: Baquiné de angelitos negros, (El baquiné o baquiní es una tradición fúnebre afrocaribeña, para despedir a niños pequeños, generalmente menores de siete años al morir), basado en el poema de nuestro Andrés Eloy Blanco, donde agrega a la orquesta saxo, flauta, trompetas y violines y sin usar cantantes. Este trabajo tuvo escasa repercusión, pero le sirvió para familiarizarse con diversas tesituras y acompañamientos, que luego emplearía en su carrera como solista, en lo que muchos consideran el disco precursor de la salsa sinfónica, que luego continuaría con la Maestra Vida de Rubén Blades. Otro que incursionó en esa llamada salsa sinfónica, fue Larry Harlow con la ópera Hommy.

 

 

Lo de las giras vino por el consabido cuento de mi artículo sobre Maestra Vida en El Nacional, y la entrevista a Rubén que tomó las páginas centrales de El Diario de Caracas, que trajo consigo otras centrales para Willie, y muchos del mundo salsero, Eddie Palmieri, Celia Cruz, entre otros que es como decir casi todos los músicos del Caribe, porque por supuesto incluí a los cubanos en más de 25 años de viajes a La Habana, dando conferencias de bolero, lo cierto es que un día me retiré de la salsa, o no fue que me retiré, lo que pasó fue que la salsa se murió, y esto de Willie, va dejando pocos sobrevivientes. Yo me refugié en el bolero, y ahí sigo atrincherado en Radio Nacional con el programa A mí me pasa lo mismo que a usted, que el próximo 2 de julio cumple 20 años, y espero que Isbemar me deje llegar allí, después de eso, ¡hasta me puedo ir! Jajajaja.

 

 

Otro episodio inolvidable con Willie, en realidad no con Willie, si no con un regalo que me hizo en 1982, una chaqueta de un morado intenso, con un corazón guerrero bordado en la espalda, que terminó usando mi mamá hasta su muerte. Allá le estará contando a Willie que la cargó puesta hasta el final. Pero el cuento fue, que nunca supe dónde me la regaló, yo juraba que fue en un concierto del Poliedro, pero mi hija recuerda que fue en un canal de televisión donde ella me acompañó. Yo pensaba que era como de seda, pero no me atrevo a asegurarlo, pero consultando a Ligeia me sugiere satén de un morado eléctrico; la inteligencia artificial me dice que la tela de seda satinada es un tejido de alta gama caracterizado por su superficie lisa, brillante por un lado y mate por el otro, ofreciendo una caída elegante, suavidad al tacto y gran durabilidad, así era mi chaqueta y acolchada en algodón por dentro. Pero el cuento es que yo anduve tres meses del 83, a mis 30 años en París y el sur de Francia, con mi corazón guerrero. Nunca te conté que en Cannes un italiano se me acercó a la barra de un bar de esos a la orilla de la playa, donde me tomaba una cerveza, y me dijo en un inglés “tarzaneado”, igual que el mío, claro, que si me podía invitar una botella de champán, afortunadamente el barman hablaba español e italiano, y viendo la circunstancia, le dije explícale que yo no ando buscando novio, y cuando le tradujo, el italiano se reía, y dijo: “Dile que no es por él, es por su chaqueta”. ¡Nos bebimos tres botellas de Moet Chandon, muertos de la risa!

 

 

Hubo muchos episodios, imposibles contarlos aquí, pero inolvidables las sesiones con Luis Zelcovicz para hacer una serie de televisión, que se diluyó. La película y la cena en el restaurant de Julio Gutiérrez, el compositor de Inolvidable, que se acercó tan amable a rendirte honores, e Isabel Recio, la productora y yo agarrando colita, pero lo cómico fue la jugada caribe, cuando quise pagar la cuenta y me dijiste, no tranquilo, ¡tu paga el estacionamiento que salió más caro que la cena! Jeje. ¡Claro era Nueva York! Nunca te dije tampoco, pero el financista murió de Sida, y se jodió la película.

 

 

Bueno Willie Wilde, como una vez te dije en un artículo que escribí en El Nuevo Venezolano, un periódico de izquierda que dirigían Pedro Duno y Domingo Alberto Rangel, vamos a hacer una vaina, recordándote vas a favor, y eso que no encontré las dos o tres entrevistas que te hice, porque te habría acorralado en la tumba. Sí, te debo mucho, pero tú también. Toma chocolate, ¡paga lo que debes!

 

 

Porque si quiero decir que te retiré mi amistad porque me encojonaron mucho las burlas e insultos con la enfermedad de Chávez, y su partida me afecta obviamente, pero tampoco es que voy a hacerle un homenaje a quien vilipendió, insultó y se burló de Chávez, para decir lo menos, –porque Maduro también llevó lo suyo-, y que además, fue uno de los propulsores de una invasión a Venezuela, publicando textos y fotos en sus redes.

 

 

En cuanto a mí, yo como que prefiero no seguir contando vainas gratas comunes, porque te voy a quedar debiendo, prefiero decir como mi pana Vladimir Sosa Sarabia, “A Willie pueden criticarle todo lo que quieran su posición política (yo no congeniaba ni un poquito con él), pero su obra es innegable”. Así me pasó con Jorge Luis Borges, y alguno que otro facho “mardito”, incluyendo a Sabina, que hace poco se volteó. Mercedes colgó a Kalaka, en esa misma onda. ¡Coño es que, de pana cómo podríamos negar nuestros procederes! ¡No es fácil! Yo no sé cuándo se echó a perder, pero con el que rompí muchas noches, como decía él mismo, ¡para un libro que nunca he publicado!

 

 

Ah coño, y para ir cerrando, hablando de libros, nos quedaste debiendo Guapos de barrio, una buena pregunta al aire, ¿qué va a pasar con eso? De pana que me tengo que ir porque mis editores ¡me van a matar! Disculpen, pero ¡me saqué ese clavo del pecho!

 

 

Como diría mi hermano Blas Perozo Naveda, a quien embarqué el 31 de diciembre, allá en esos territorios de la eternidad: “Date por muerto que sois un hombre perdido”…

 

 

O como diría Amanda, ¡Sal de ese cuerpo Willie querido!

 

 

 

 

 


POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez

 

ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui

#Idilio #Boleros #Salsa #WIllieColón

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