19/06/26. Una obra de teatro puede tratar sobre cualquier cosa. Lo que quiere decir que el tema no es precisamente lo que hace que un argumento sea una pieza teatral. Puede ser un monólogo, una pieza con dos personajes o con muchos, no sé, cien personajes. Quizás más de cien, aunque comienza a ponerse difícil escoger un escenario. En todo caso, tampoco el número de personajes hace que sea una pieza teatral. Sabemos que lo que sí es imprescindible es que haya un conflicto dramático.
...ya no se trata de quién es ganador y quién perdedor, sino cómo el abuso propicia situaciones absurdas, profundamente injustas... la situación no debe normalizarse... está prohibido olvidar.
El conflicto dramático no es un problema, no es una enfermedad, no es un dilema interno. Un conflicto dramático es el enfrentamiento entre dos fuerzas. Una fuerza antagónica que hace todo lo posible durante la representación para que el protagonista no logre su objetivo, y el protagonista, por supuesto, va a hacer todo lo que está a su alcance para lograrlo.
Ahora, si son dos fuerzas antagónicas ¿por qué una es protagonista y la otra antagonista? Realmente, con relación a las acciones, cualquiera de las dos puede ser la fuerza protagónica. Esto lo determina la posición ética de la dramaturgia del texto. Por ejemplo, pongamos… a ver… ¡Un bombardeo a un país! Sí, eso puede explicar el asunto.
Si quien escribe la pieza cree que azotar determinado país, bien sea con ataques comunicacionales, económicos y luego lanzarle un montón de bombas y asesinar gente, el protagonista será quien comande el ataque. Los personajes secundarios y hasta terciarios a favor del protagonista podrán decir cosas como “va a morir gente y nos van a quitar las riquezas, pero ese es el precio que hay que pagar”.
Los personajes antagónicos, por supuesto los malos del cuento, intentarán detener las acciones en un principio, pero ante la superioridad armamentista de los buenos, es poco, muy poco lo que pueden hacer. Así que el mal será derrotado, y los buenos se llevarán todo. Un final feliz en donde los protagonistas son winners y los malos losers.
En caso contrario, si el escritor está en desacuerdo con las agresiones, pero la superioridad armamentista y la falta de ética del enemigo generan una situación similar, el argumento será muy parecido al anterior. Sólo cambia la valoración sobre los personajes. Una diferencia importante es que ya no se trata de quién es ganador y quién perdedor, sino cómo el abuso propicia situaciones absurdas, profundamente injustas. Entonces el público saldrá de la sala plenamente convencido de que la situación no debe normalizarse y que, como siempre en estos casos, está prohibido olvidar.

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru