Los pueblos suelen dar indiferencia y olvido a quienes no saben figurar las señas de su rostro.
Eleazar León
19/06/26. El día va espantando las cenizas, en el patio un hombre, manos en la tierra, recorre las enseñanzas de sus ancestros, cebollín, cilantro, ají dulce, plátano, berenjena… adornan el perímetro, dentro, en el patio central, estudiantes se preparan para entonar el himno, retornan otras enseñanzas: Bolívar, Carabobo, Chuquisaca, la doctrina, tan hermosa como relevante, parece haber sido obviada por décadas y décadas de impuesto desarrollismo, hoy sale a la luz ante el inminente exterminio mundial de pueblos enteros, sus respectivos hábitats y todo lo que contiene: flora, fauna, cultura, tradición…
a tierra-madre, la matria, no es sólo un reservorio de combustibles fósiles y preciados minerales, es también el vientre mismo que nos hace posible como humanidad.
Lo digo y veo unas manitos sosteniendo una pequeña caoba, una joven estudiante, sonríe, sabe que en ella, en esa planta, y en esa sabiduría que contiene, ella, la joven, está el presente, la historia, la vida de naciones enteras que pudieran salvarse si hacemos, ella y nosotros, lo correcto.
¿Y qué es lo correcto?, podrás preguntarte ahora, cuando has dejado por un instante aquel jardín, que hemos convenido denominar “conuco” por respeto, convicción, sintonía, lealtad a eso que nos define como humanos: lugar de aprendizaje, reservorio tan nutricio como propiamente moral.
Y es que la vida no pudiera comprenderse sin esa conexión que bien saben las sembradoras y sembradores de sueños y alimentos, no existe en tal “medio ambiente”, no, sino la matria entera en la cual estamos inmersos como útero-sentido, origen-orientación de la vida, y ante la cual no podemos vernos sino corresponsables.
Y no es que escribamos estas líneas suscribiendo un sinnúmero de metáforas que adornen los discursos por “el Día del Ambiente”, no, bien nos puede valer de pretexto, pero no. Hoy lo hacemos porque el alerta ha alcanzado una política oficial del gobierno bolivariano: el Plan Chuquisaca, cuyo lanzamiento fue orientado en diciembre del año pasado por el presidente Nicolás Maduro, haciendo honor al Decreto del mismo nombre redactado por el Libertador Simón Bolívar doscientos años antes. Allí estableció este gigante:
“(1) Que se visiten las vertientes de los ríos, se observe el curso de ellos y se determinen los lugares por donde puedan conducirse aguas a los terrenos que estén privados de ellas. (2) Que en todos los puntos en que el terreno prometa hacer prosperar una especie de planta mayor cualquiera, se emprenda una plantación reglada a costa del Estado, hasta el número de un millón de árboles, prefiriendo los lugares donde haya más necesidad de ellos. (3) Que el Director General de Agricultura proponga al Gobierno las ordenanzas que juzgue convenientes a la creación, prosperidad y destinos de los bosques en el territorio de la República. (4) El Secretario General interino queda encargado de la ejecución de este decreto".
El presidente Nicolás Maduro instruyó convertirlo en plan en pos de una arborización estratégica que pueda proveernos fuentes de medicina tradicional, así como de frutos indispensables para nuestra alimentación, salud y bienestar.
Dicho plan se encuentra inserto en la Gran Misión Madre Tierra Venezuela que contiene tales lineamientos como parte de sus siete ejes estratégicos:
- Organización y formación para la vida: “Activar liderazgos, conformar Comités de Ecosocialismo y organizar a la población en los Circuitos Comunales".
- Sembrar para la vida: "Construcción de viveros y planes de reforestación organizada para la recuperación de zonas degradadas y protección de cuencas”.
- Territorio para la vida: “Levantamiento y estudio de las cuencas hidrográficas, la construcción de mapas de riesgo y el resguardo de áreas naturales protegidas”.
- Clima para la vida: “Vigilancia, el monitoreo y el control del cambio climático mediante observatorios científicos y tecnológicos".
- Fauna para la vida:“protección y manejo responsable de la fauna terrestre y marina, así como en el desarrollo de la agricultura regenerativa.”
- Saneamiento para la vida: “Establecer normativas nacionales para el manejo, clasificación y disposición final de residuos, promoviendo la economía circular".
- Producción para la vida: “Transformación económica con visión ecosocialista, buscando satisfacer las necesidades humanas en perfecta armonía con la naturaleza”.
Tampoco debemos olvidar aquí que dicha misión fue lanzada también por el mismo presidente como parte de la sexta transformación: ecosocialismo, derecho a la ciudad, atención a la emergencia climática y defensa de la Amazonía venezolana. Contemplada en el Plan de la Patria 2025-2031, continuado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez y protagonizada por las comunidades sensibles ante la crisis ambiental que padecemos a nivel mundial.
En este mismo orden, nada mejor para recordar un programa que ya ha cumplido más de una década en nuestros centros de educación desde inicial hasta media técnica: “manos a la siembra”, el cual debería funcionar articulado, no lo olvidemos, con el movimiento bolivariano de familias, el Frente Francisca Bolaños de las madres cocineras de la patria, los consejos comunales, las comunas…
Porque la tierra-madre, la matria, no es sólo un reservorio de combustibles fósiles y preciados minerales, es también el vientre mismo que nos hace posible como humanidad.
Por eso y otras cosas más, avanzamos conociendo todo lo que al menos aquí, en el liceo Judith Liendo, de la parroquia El Valle, viene sembrando “cachito” (Norberto Zavarce), junto a las y los estudiantes de todos los años, bajo el acompañamiento siempre entusiasta de Glennys Martínez, subdirectora del plantel.
Avanzamos confiados en que las respectivas autoridades ministeriales sabrán acompañar esta hermosa labor tanto técnica como instrumentalmente, en esta y otras instituciones educativas para que un proyecto tan hermoso como este expanda su luz y arrope a toda la ciudad y al país entero donde nuestro pueblo a cada instante muestra su rostro floreciente a pesar de las adversidades.
Avanzamos llenos de especias, de frutas, de tubérculos, con la esperanza y el entusiasmo a flor de piel, porque sabemos la grandeza de este fértil terreno. Amén.
POR BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2
FOTOGRAFÍAS BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2