Jerry Rivera

Jerry Rivera

SWING LATINO

EN SU MOMENTO, JERRY RIVERA CAUSÓ TANTA ACEPTACIÓN ENTRE  LOS JÓVENES SALSEROS, QUE FUE CONSIDERADO COMO EL “MENUDO”  DE ESTE GÉNERO

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ  ⁄  FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

Corría un día de noviembre de 1992 y la cancha de baloncesto del Parque Naciones Unidas de El Paraíso, Caracas, estaba abarrotado, especialmente de jovencitas con las hormonas a flor de piel. De pronto, las luces se apagaron, sonó el solo de un piano electrónico y la voz juvenil de Jerry Rivera se escuchó decir: Mi amor, una vez más soñé contigo y la verdad necesito decirte… Acto seguido: algarabía, gritos desenfrenados y llantos de emoción; entre ellos, los de esta servidora.

La emoción creció con cada canción que interpretó el entonces “Menudo” de la salsa. Gritos desbocados de “te amo” y “Jerry” eran acompañados con las manos de las fanáticas, quienes, entre lágrimas, mocos por aquí y por allá, buscaban la mirada de su ídolo y, a la vez, coreaban los éxitos de las producciones del boricua (“Abriendo puertas” y “Cuenta conmigo”).

Las expresiones en el rostro de mi papá se debatían entre la del salsero duro, analista, que escrutaba una presentación muy diferente a las que estaba acostumbrado sin mucha majestuosidad ni diferencia a las de la televisión, y la del padre comprensivo que observaba la felicidad de su hijita al estar frente a su amor platónico.

Lo que sí fue constante fue la sonrisa permisiva y cómplice de mi padre, expresión que se mantuvo incluso después de culminar el concierto, momento en el que, además, me acompañó con el llanto, no por la emoción de ver a Rivera, sino por los efectos del gas pimienta que echaron cuando ya el cantante no estaba y los alborotadores hacían lo suyo. Parecía de película: la gente corría, mi papá me protegía y le preguntaba al policía cómo quitarse el efecto del gas del rostro; buscaba la tapa de las pilas de la cámara que nunca utilicé, pero aun así se me perdió;  mientras tanto, en mi mente estaba el rostro de El Niño de Oro de la Salsa, cantándome las canciones del disco que había rayado de tanto colocarlo.

“Buena vaina me echaste Yosi”, me dijo mi papá en el carro; le respondí, con una sonrisa, que se confundía entre la alegría de ver en persona el rostro de su amor imposible y la tristeza de un momento idílico que se acababa. “Bueno, disfrutaste tu vaina”, y, con una carcajada, mi viejo prendió el automóvil y me llevó a casa.

El efecto Jerry Rivera no fue sorpresa. Gerardo Rivera Rodríguez, un joven puertorriqueño nacido un 31 de julio de 1973, entró al mercado salsero “como anillo al dedo”, cuando la salsa erótica mandaba. El joven puertorriqueño capitalizó a esa muchachada que se arrulló con las melodías de El Gran Combo de Puerto Rico, la Dimensión Latina, Naty y su Orquesta, Noche Caliente, las Estrellas de Fania, Grupo Chaney, Orquesta Inmensidad, entre otras tantas, pero que aún no se identificaban con el erotismo de Eddie Santiago, Frankie Ruiz, Lalo Rodríguez, Hildemaro, Mauricio Silva y Manuel Guerra, Marianella y tantos que se me escapan de la lista.

El boricua tenía todo para ser el “Menudo” de la salsa: un rostro de muchacho bueno, una voz juvenil y el ritmo de los salseros. Otros cantantes, incluso con una calidad vocal incomparable, trataron de repetir la epopeya del puertorriqueño, pero definitivamente su boom fue tal que hasta la fecha, casi tres décadas después, sus canciones son coreadas.

La popularidad de Rivera siguió en sus producciones siguientes: Cara de niño (1993), Lo nuevo y lo mejor (1994), Magia (1995), Fresco (1996). No obstante, su escena “estática” y “no sorpresiva” del momento fue criticada incluso por el creador de esta columna, lo que le llevó a estancarse durante una época. Fue entonces a partir de los sencillos “De otra manera” (1999), “Canto a mi ídolo Frankie Ruiz” (2003) y “Caribe Gardel” (2007) cuando no solo volvió a la fama, sino, además, demostró su potencia vocal.

Mi historia de amor platónico siguió al año siguiente con la visita del boricua, quien compartió tarima nada más ni nada menos que con El Gran Combo de Puerto Rico. Mi ilusión de verlo en la rueda de prensa se desmoronó ante la negativa del joven de compartir con los medios, y aun más luego de semejante presentación de Mauricio Silva y, obviamente, de la Universidad de la Salsa. Sin embargo, aunque no tuviese el impacto escénico de sus antecesores, para una fan enamorada el momento se suspende cuando se está a pocos metros de quien tanto se anhela. Así que, años después, cuando recuerdo aquel idilio, un suspiro adolescente dormido se despierta para sonreír ante lo vivido (suspiro)… Más na ¡Saravá!

ÉPALE 336