En Caracas se habla de un San Juan parrandero que hace milagros y bochincha

En Caracas se habla de un San Juan parrandero que hace milagros y bochincha

PESE A LOS DATOS DIFUSOS, PARECE UN HECHO QUE LA VENERACIÓN AL SAN JUAN  QUE SE FESTEJA EN TODO EL PAÍS NACIÓ CON UNA COFRADÍA DE NEGROS ESCLAVOS  EN CARACAS. BORDANDO FINO DICEN QUE FUE EN ANTÍMANO. PRÓXIMA A ENGROSAR LA LISTA  DE PATRIMONIOS INMATERIALES DE LA UNESCO, LA POLÉMICA RESULTA FASCINANTE 

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Contrario a la opinión de las mayorías mediadas desde el terror, Venezuela está de fiesta. Sí, aunque suene imposible y la “verdad informativa” insista en que lo que nos espera es la guerra, una alegría subterránea deambula entre devotos, cultores, promeseros y amantes de nuestras tradiciones, al saber que para muy pronto las fiestas en honor a San Juan el Bautista serán declaradas también Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sumándose a la jugosa lista de seis manifestaciones que ostentan dicha condición hasta ahora: los Diablos Danzantes de Corpus Christi, la Parranda de San Pedro en Guarenas y Guatire, el conocimientos y técnicas tradicionales vinculadas al Cultivo y Procesamiento de la Curagua, el Carnaval de El Callao, La Tradición Oral Mapoyo y los Cantos de los Llanos.

Este empeño se hizo oficial cuando arrancando junio el ministro de cultura, Ernesto Villegas, hizo acto de entrega formal del expediente de respaldo al secretario de la Convención de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, Tim Curtis, para llevar a resguardo el culto a San Juan junto al de la palma bendita, que en Venezuela tiene a sus más visibles exponentes en Los Palmeros de Chacao.

No es asunto baladí ni una alegría boba: la tradición del San Juan, con sus tambores, su devoción popular, su frenesí de excesos y placeres mundanos, representa una de las más sagradas expresiones del sincretismo cultural del país, por su vinculación con la ancestralidad afrodescendiente y nuestros haberes mestizos, signo de lo que somos en lo concreto, y de lo que representamos en lo simbólico.

Tanto así, que a la mayoría le cuesta aceptar que la veneración esclava al San Juan nació en Caracas y no, como la mayoría cree, en una de esas costas negras o en el Barlovento insondable, donde efectivamente el arraigo parece superior y la fiesta desemboca en una alegría explosiva y contagiosa, moviendo a propios y a extraños en una ruta de festejos en lo que podría considerarse una parranda infinita.

A Caracas volvió el bautista con las oleadas migratorias del interior durante el siglo XX. Foto Cortesía Cofradía San Juan de Antímano

A Caracas volvió el bautista con las oleadas migratorias del interior durante el siglo XX. Foto Cortesía Cofradía San Juan de Antímano

15 DE JUNIO DE 1793

Benito Irady, presidente del Centro de la Diversidad Cultural y artífice de las designaciones patrimoniales de nuestras tradiciones, nos sacó de la ignorancia: “El origen del culto a San Juan fue en Caracas, cuando se constituyen las primeras cofradías. Después, San Juan se propagó por las haciendas y los pueblos que se fueron fundando alrededor, en Carabobo, Aragua, Miranda y Vargas… Hoy hay alrededor de 500 organizaciones, entre cofradías y asociaciones, que celebran este culto en toda la región, y está planteado iniciar con ellos la organización de los planes de salvaguardia de esa manifestación, pensando en que se pueda mantener por los años, que no desaparezca como desapareció de Caracas en un momento del siglo XVIII porque la Iglesia lo prohibió, para luego regresar con las migraciones del campo a la capital”.

Un acucioso ratón de bibliotecas, el investigador y cronista popular René García Jaspe, nos revela los detalles con documentos en mano: “Ya por la segunda mitad del siglo XVIII, se envió un pedido de algunas personas al Capitán General para que interviniera en la manera como los esclavos estaban celebrando la fecha de San Juan. La carta se la dirigieron primero al obispo los mayordomos de las cofradías de Nuestra Señora de Guía y de San Juan Bautista de la iglesia de San Mauricio de Caracas, y este, a su vez, dirigió el caso al Capitán General de la Provincia: ‘Lo que algún tiempo fue una inocente demostración de afecto y pudo entonces ser estimado por culto a los santos, hoy es sin duda intolerable y delincuente desahogo de las pasiones tanto más criminoso cuanto se cubre con el especioso velo de una sinceridad afectada y de un culto supersticioso. Algunos de los morenos de esta ciudad que en nada sirven a la iglesia de San Mauricio, ni son de sus cofradías, hombres y mujeres en un montón desconcertado en baile profano, ceremonias ridículas e instrumentos estrepitosos, se introducen a ambas procesiones… suplicamos por todo dicho se sirva Vuestra Señoría para el remedio que conviene pasar sus políticos oficios al Señor Presidente, Gobernador y Capitán General a efecto de que en los mismos días de ambas procesiones por medio de sus ministros de justicia, prohíba absolutamente la pulsación de los tambores que entonces usan los morenos’”.

Como consecuencia, sigue García escudándose en los documentos extraídos de antiguos archivos parroquiales, el Capitán General decretó un Auto prohibiendo el baile y uso de tambores en esas procesiones caraqueñas el 15 de junio de 1793.

Un posible año de partida para el San Juan caraqueño: 1621

Un posible año de partida para el San Juan caraqueño: 1621

UN SAN JUAN QUE VA CRECIENDO

Hoy por hoy, Caracas lo celebra en casi toda su geografía, sobre todo en la superficie barrial que disfruta de sus códigos de arraigo y devoción, de tambor y canto, respetando los rituales impuestos por la iglesia que el esclavo en tierras del “nuevo mundo” mimetizó e incorporó a su heredad. Sin embargo, dos de las celebraciones más importantes se dan en las parroquias La Vega y San Juan, donde se hace un encuentro de “sanjuanes” con distintos repiques y su respectivo recorrido en procesión.

Willie Mayo, devoto, percusionista y fabricante de instrumentos, le hace una velada cualquier día en Altos de Lídice, una comunidad de más de 600 vecinos que se acompañan por amigos y cultores que vienen de Barlovento, Guatire y hasta del estado Falcón para revivir la tradición en favor de niños, jóvenes y adolescentes que desconocen su origen, siendo los únicos garantes de su destino.

Eduardo Méndez Castillo defiende su San Juan desde Antímano. foto cortesía Héctor Terán

Eduardo Méndez Castillo defiende su San Juan desde Antímano. Foto cortesía Héctor Terán

Particular atención merece el San Juan de Antímano. No solo se le adjudican poderes milagrosos y tiene la bendición sacramentada de los sanjuaneros de Turiamo (entre los estados Carabobo y Aragua) de donde se origina, sino que cada vez que sale en procesión se le debe ajustar el traje pues año a año, en la medida en que va prodigando milagros, crece. Así nos lo juró por todas las entidades del más allá Eduardo Méndez Castillo, cultor antimanense y Capitán de ruta de la Cofradía del San Juan de Antímano que integran más de 30 personas y que el 24 de junio se pasea por las viviendas de 23 promeseros durante al menos 12 horas de recorrido al repique de clarines y cumacos, con unos tambores que le encargan a un fabricante de Agua Salud. “Ya el año que viene la ropa de este no le sirve a San Juan”, nos advierte contrariado.

Lo más controversial es que al santo no lo quieren dejar entrar a la iglesia parroquial, porque las autoridades eclesiásticas lo asocian con la brujería. Si este año tampoco le permiten el acceso, piensan llevarlo hasta la casa del segundo promesero que está ubicada en La Vuelta del Fraile, e iniciar desde allí con un ritual laico su manifestación.

Un San Juan Promesero y otro Peregrino que crecen a su antojo. Cofradía San Juan de Antímano

Un San Juan Promesero y otro Peregrino que crecen a su antojo. Cofradía San Juan de Antímano

Pero aún hay más: el profesor Freddys Hurtado, investigador y docente, ofrece un dato más que revelador surgido de sus vastas investigaciones de la tradición oral y de los documentos incunables sobre las costumbres de esa región del suroeste caraqueño. Afirma que ya por 1621 existía en Antímano una cofradía de esclavos en honor al bautista, además de otra para venerar a su patrona, la Virgen del Rosario. Otra cofradía de por entonces en las anchuras de Caracas para venerar a San Juan era la de los padres capuchinos.

Con esa información, es posible ir pensando en una partida de nacimiento para el culto al San Juan Bautista capitalino, más allá de las miles de versiones imprecisas tejidas en la memoria colectiva a partir del testimonio transmitido de generación a generación, y a despecho de los que se adjudican en cualquier región del país —con las razones de la fe y el cariño— su paternidad.

ÉPALE 328