ÉPALE329-SOBERANÍAS

POR NIEDLINGER BRICEÑO PERDOMO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Es cierto que hoy en día lxs chamxs nacen superpilas, casi que con dientes y hablando; a diferencia de los tiempos de nuestrxs abuelxs, cuando nacían hasta con los ojos cerrados. Esta “evolución humana” ha dado con la necesidad de hablar de sexualidad a nuestros niñxs desde muy temprano, que sea un tema trasversal en sus vidas. Ojo: sin entender la sexualidad como el acto sexual meramente, ni lo pornográfico y vulgar. Se trata, más bien, del reconocimiento de lo que somos, el reconocimiento del cuerpo y la apertura a una necesidad fisiológica que debe vivirse sanamente.

Cuando mi hija tenía 3 años, recuerdo una vez que la saqué de su bañera y la puse sobre la cama para secarla, ella se miró la vulva y, automáticamente, asomó su dedo índice al orificio de la vagina preguntando: “¿Mamá, qué es esto?”; después de diez segundos maquinando, le dije: “Es tu vagina, tu vulva, tu clítoris, es tu cuerpo hija. Solo puedes tocarlo tú y mamá/papá cuando te limpiamos, más nadie. Tú decides sobre él”. Me miró y sonrió con placer, pues ella sabe que al tocarse se autosatisface. ¿Malo? No lo es. Lo que sí hay que tener claro es que el acompañamiento en el abordaje de la sexualidad es vital.

Por otro lado, también recuerdo que la primera vez que descubrí mi clítoris tenía 9 años. Fue una de esas tardes de ocio en Cabudare, Barquisimeto, pues el tiempo daba para todo, solo me incliné y vi esa campanita que, al tocarla, me sacudía todo el cuerpo. Nadie me habló de ese órgano que solo está para darnos placer, que se aleja de lo reproductivo, que te libera del estrés y te permite saber cómo te gusta masajearte y que te masajeen.

Algunxs lo llaman el “órgano del placer supremo”, otrxs el botón del placer. Sea como sea que quieras llamarlo, te cuento que esta maravillosa montañita tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas, mide aproximadamente 10 centímetros (aunque solo 2 centímetros son visibles), también se erecta y es el único órgano del cuerpo cuya única función es el placer, es decir, no tiene ninguna utilidad reproductiva.

Yo me lancé una pequeña encuesta entre conocidas (de 30 a 45 años), pero no tan cercanas, y les pregunté, sin anestesia: ¿Cada cuánto te estimulas el clítoris?. Dos me dijeron que solo cuando no tenían pareja sexual, pues ese trabajo se lo lanzan al otrx. Otras me dijeron que no tenían ni idea de lo que estaba hablando, es decir, no lo conocen o decidieron fingir demencia para no responder. Otra me dijo que eso era cosa de hombres, y otras dos me vieron con cara de horror y, casi persignándose, dijeron que les da vergüenza hacerlo. Les pregunté: ¿Vergüenza contigo misma?, y salieron muy escrupulosas: No, con Diosito, que ve desde arriba lo pecadora que soy.

Hermana, mujer… no sirve de nada seguir viendo la masturbación como un tabú, no sirve de nada omitir a nuestras hijas la existencia de este órgano, no sirve de nada creer que somos pecadoras por descubrir nuestras áreas más sensibles y placenteras. Intimar con nosotras mismas permite desearnos como mujeres, sentirnos seguras de nuestros cuerpos perfectos y no estereotipados. Además, evita que nos acostemos con la persona equivocada.

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