POR NIEDLINGER BRICEÑO PERDOMO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE327-SOBERANÍASEn un encuentro de crianza respetuosa en la lomita del parque Francisco de Miranda, una vez escuché a Elvis Canino decir que lxs niñxs que son castigadxs están más propensos a vivir abuso sexual, y me quedé pensando todo el día en eso pues tiene coherencia, aunque puedo confesar que fui castigada junto a mis hermanas, desde muy pequeñas, y jamás se atrevieron a abusar de nosotras, quizás porque siempre fuimos cómplices una de la otra, se colaría el secreto en seguida.

Hace poco descubrí en la web la existencia de una revista argentina llamada Hamartia, donde publicaron un estudio sobre abuso sexual infantil que arroja lo siguiente: “El abuso sexual en la infancia ocurre mayoritariamente en el ámbito familiar. En el 90% de los casos los perpetradores son conocidos de la familia”. Sí, es duro pensar estas cosas pero el incesto es real y es más duro de enfrentar cuando hay un vínculo afectivo con el agresor.

Así le pasó a Kenia, en cualquier reunión familiar que había en su casa, le metía mano no solo su tío paterno sino que también aprovechaba su abuelo materno, sí, el papá de su mamá. Ahora lo cuenta a modo de alertar a padres y madres, dice que ya lo superó, que ya los perdonó y se trabajó mucho en terapias, aunque al hablarlo se le siente un ligero quiebre en su voz.

Ella cuenta que a los 10 años quiso hablar, acusar, denunciar y gritar pero cuando lo intentó, con mucho miedo porque sabía que iba ser castigada una vez más, su mamá no le creyó, tampoco su hermana y mucho menos su abuela, a pesar de ser mujeres todas, la tildaron de loca pues decían que no era posible pensar así de su propia familia. Esa misma familia que siempre aparentó ser y estar perfecta: unidos, apoyando, amando y clandestinamente violando.

Ahora, luego de 30 años, le ha tocado no reproducir ese patrón de crianza con su pequeña de 6 años, le ha tocado descoserse y volver a coserse amorosamente, le ha tocado pulsar cada fibra de su historia familiar, asquearse y masticar tanta basura que se sigue reproduciendo desde su árbol genealógico, le ha tocado ser aliada de su hijita y permitir que el vínculo madre e hija sea de confianza.

Ellxs empiezan a mentir y a desconfiar de nosotrxs cuando les mentimos, y a veces creemos que esas que llaman “mentiras piadosas” no hacen mal, me refiero a los “cuentos chinos” como el  del Niño Jesús, los Reyes Magos, el Ratón Pérez y pare de contar… “Eso lo hago para reforzar su imaginación e ilusión”, me dice un padre de 3 pequeñxs.

Pienso, después de su respuesta: ¿Es que la literatura infantil no da para estimular la imaginación, ilusión, creatividad y mucho más? No hay nada que justifique mentirles. Aunque no estoy haciendo señalamiento pues es cierto que no hay un manual de crianza pero sí llamo a la reflexión.

Más que una figura de autoridad, lxs niñxs merecen un amor de verdad, un amor que les escuche y les crea lo que sucede, un amor que vaya de la mano en su camino y no que imponga. Un amor que ayude a manejar sus emociones. Vamos a cambiar los patrones, sin miedo. Vamos a convertirnos en los protectores de nuestrxs chicxs sin dudar, sin señalar, sin violentar. Vamos a forjar a la mujer y el hombre nuevo.

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