People take part in a gay pride parade to demand for a new law for gender equality, according to organisers, in Santiago, Chile June 23, 2018. REUTERS/Rodrigo Garrido

QUINTA ENTREGA DEL ACUCIOSO ESTUDIO DE LA PAL (POPULAR ACADEMIA DE LA LENGUA) SOBRE JERGAS Y LOCUCIONES REFERIDAS  AL HOY REIVINDICADO ÁMBITO DE LA SEXODIVERSIDAD

POR  FRANCISCO AGUANA MARTÍNEZ / • FCOAGUANA@GMAIL.COM / FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

Entonces ocurrió que el buen Dios iba, simultáneamente, nombrando y creando todas las cosas que poblarían la Tierra. Así pues, primero fue el verbo, la palabra desplegada en toda su magnitud creadora. Y luego tomó de la tierra una bola de barro que modeló a su imagen y semejanza, le insufló vida y la nombró Adán: el primer hombre, a quien luego durmió para extraerle una costilla con la que creó a Eva: la primera mujer. A ambos jóvenes, casi en estado feral, les prohibió comer del árbol de la sabiduría. Y ellos, que no conocían de las sutilezas del lenguaje y, por lo tanto, imposibilitados de saber las consecuencias morales de sus actos, puesto que, como afirma Wittgenstein, “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, dieron rienda suelta a sus inquietudes juveniles. La malvada y deletérea serpiente, en cambio, sí conocía, extrañamente, esas consecuencias y se dedicó con delectación al celestinaje, a azuzar a los dos inocentes a la desobediencia y a la concupiscencia. Desde ese momento habrá de convenir que el misterio de la creación es, también, un misterio lingüístico. Haber sacado a la mujer del costillar de Adán fue como construir la metáfora de la dominación de la mujer por el hombre porque, por los siglos de los siglos, el machismo patriarcal encontraría inspiración y justificación en la palabra divina. El Supremo interrumpió su oficio de demiurgo para expulsar, cual terrateniente, a los dos jóvenes a los que, de paso, maldijo por siempre, incluso a su descendencia. Poniendo así en evidencia el lado oscuro de las palabras, del cual hablaba Platón, su otro extremo: destructivo y cruel para excluir, perseguir, humillar, estigmatizar y dominar, etcétera. En este caso, la palabra es la cabeza de playa con la que se toma el territorio del odio: es una lluvia gramatical excrementicia que cae pertinaz sobre las minorías (o mayorías, inclusive) o sobre pueblos enteros por su color, maneras de pensar, orientación sexual, política o religiosa para someterlos o sojuzgarlos, incluso para convencerlos de que son culpables de lo que se les acusa. Hasta que estos encuentran en la propia palabra el arma con la que combaten la opresión, hasta conseguir su liberación.

“MARICO”

Luego de siglos de tolerancia, en algunas de las más antiguas civilizaciones donde se permitía su práctica total o parcial y que, además, formara parte de la ritualidad religiosa, y hombres reconocidos por la posteridad por pasear a lomo de caballo su valentía y violencia para conquistar a otros pueblos se sirvieran ellos mismos, plácidamente, por las noches, de caballos (o yeguas) para que otros hombres los cabalgaran con la misma furia la homosexualidad, femenina y masculina, comienza a ser execrada a partir de la entronización imperial y la expansión del cristianismo, en el año 390, con Teodosio y a través de la Ley Scantinia, como actividad inmoral y contraria al orden natural y, por tanto, crimen nefando. Así pues, los homosexuales pasan a convertirse en una de esas cuantiosas minorías (hoy se dice que de 1 al 6% de la población mundial es homosexual) arrinconadas y oprimidas por toda clase de epítetos y dicterios. El que más ha prevalecido en nuestra lengua es el de marico: palabra polémica en su origen y significado, puesto que se dice que viene del apodo aplicado en España a las y los María: marica, mariquilla. Otros etimólogos afirman que “marica” es el nombre de una muñeca de trapo utilizada en los siglos XVI y XVII; en 1620 se utiliza “afeminado” y en 1670 el de “cobarde”; en 1734 se define “marico” como hombre de pocos bríos; hacia 1787 (Diccionario de Terreros) se habla de marico, maricón, mariconazo, embustero, salamero y cobarde (sin hablar de sexo). En 1860, en Lima, Perú, se utiliza “maricón” como hombre que sustituye a la mujer en sus oficios y en la cama; en 1869 el escritor Karl María Kertbeny crea el término “homosexual”, que proviene del griego homos y del latín sexuales. A fines del siglo XIX (Zerolo, 1895) se emplea “maricón” como sinónimo de homosexual. La atracción de un individuo hacia otro de su mismo sexo está asociada, de forma no precisa, a otras palabras como malakoy y arsenokortai, pederasta, hebefilia, efebofilia, pedofilia. En el caso de las mujeres está relacionado con galbinatis, lesbianas, lésbicas, sáficas, butz o machonas. En culturas indígenas norteamericanas existían y existen los términos dos espíritus, bardaches o badea que derivan, sucesivamente, de varios idiomas y que se refieren al hombre-mujer o aquel que asume los roles femeninos; igual al muxe de los zapotecos de México o el biza’ah de Teotitlán (también en México) o hijras en la India. Desde la Biblia los términos sodomitas y sodomía están asociados a las relaciones carnales. Luego, andando el tiempo, la biología, la psiquiatría, la psicología, la moral, la religión, etcétera, contribuyeron a ampliar el campo semántico relacionado con la homosexualidad. Así, tenemos palabras como perverso, pervertido, inmoral, pecador, desviado, aberrado sexual, trastornado mental o conductual, es decir, enfermo. Lo que cambió en 1973 cuando la Asociación Americana de Psiquiatría retiro de su catálogo la homosexualidad como enfermedad, y cuando en 1990 hiciera lo propio la Organización Mundial de la Salud. Simultáneamente a todo esto, los homosexuales fueron organizándose e imponiendo denominaciones para su movimiento y sus afiliados y así se hicieron llamar homófilos, y luego gays, en los 70: palabra que proviene del francés y que significa alegre y divertido. En Venezuela se escuchó esa palabra a través del cine, gracias al actor mexicano Ramón Gay nada sospechoso—, quien vino en 1957 a Caracas, junto a la actriz Ana Luisa Peluffo, para filmar escenas de la película La venenosa. Luego en la televisión, y por primera vez, el 5 de agosto de 1965, cuando se presentó el grupo vocal panameño The Gay Crooners (“alegres cantantes”) en el programa La gran revista del jueves. Ahora bien, a partir de las protestas de Stonewall el activismo político homosexual fue internacionalizándose y se comenzó a usar las siglas LGB (lesbianas, gays y bisexuales), a las que se les fueron agregando otras iniciales para incluir otras expresiones distintas a las heterosexuales, hasta quedar en LGBTI. La T se refiere a los transgéneros, transexuales y travestis y la I a los intersexuales o intergéneros. Términos estos a los que se les puede agregar otros como poliamorosos, polisexuales, asexuales, omnisexuales, etcétera.

LA GUEI TIVÍ

Juan Gabriel (Juanga) rompió el molde

Juan Gabriel (Juanga) rompió el molde

Divine: aceptado como parte del paisaje

Divine: aceptado como parte del paisaje

Charly Mata: “Tú no eras así”

Charly Mata: “Tú no eras así”

En noviembre de 1952 se instala la televisión en Venezuela y desde ese momento se convertiría en la herramienta más eficaz para que las clases dominantes impusieran su hegemonía cultural. Desde sus inicios, la columna vertebral de la programación de los distintos canales que se fundaron ha sido las telenovelas y los programas de humor. En estos últimos se comenzó a introducir discretamente el personaje del afeminado, hasta llegar a la exposición del homosexual de manera descarada y convertirlo en uno de los más atractivos y populares de tales programas. Con ello logró aumentar la segregación de ese colectivo a través de la burla constante y la masificación del desprecio. No solo aparecían en sketchs como afeminados, sino como travestis, modalidad no muy conocida en el país salvo en los carnavales, cuando a muchos hombres “les bajaba la jeva que llevaban por dentro” al disfrazarse de negritas. El travestismo en Caracas parece que comenzó con el español Raymond Debray, por allá por 1925. Luego, siguió con Christine Jorgensen, que se presentó en el Coney Island, en 1956, anunciado como El Hombre Transformado. Intentó repetir su presentación en 1960 pero la Liga Nacional de la Decencia, perseguidora de rumberas y mises, se lo impidió. En 1959 los periódicos anunciaron la llegada de un grupo travesti gringo llamado Las Almohaditas. En Caracas se le llamaba zoquete, desde los años 40, al homosexual que se vestía de mujer. Pero el verdadero zafarrancho moral se armó cuando grupos de travestis, o transformistas, tomaron la avenida Libertador como territorio propio. Después vimos en la “tiví” al personaje de Etelvina Ruparola, interpretado por Ariel Fedullo, y a Madan Cosmetic, interpretado por Joselo, actor que junto a su hermano Simón Díaz y Hugo Blanco llegaron a popularizar, todos los diciembres, “La gaita de las locas”. Después vinieron Lily y Lulú (Nelson Paredes y Pedro Soto) por la Radio Rochela. Estos actores hacían también el sketch de Batman y Robin que, de acuerdo al habla popular caraqueña, “tenían su jujú”, “una vaina rara por ahí” o “le daban la vuelta al peón”, bueno, ¡que eran maricos, pues! Así, a pesar de las prohibiciones ministeriales las televisoras todopoderosas, pese a ser acusadas en algunos momentos de pervertidoras y de estar fomentando la homosexualidad, hicieron caso omiso a críticas y reglamentaciones hasta llegar, en 2017, a incluir en el programa La bomba a un personaje travesti llamado la Chiqui Diva o Lorens (Juan Solórzano). Karla Luzbel fue el primer actor transgénero en trabajar en la TV venezolana. Al principio era un auténtico escándalo cuando aparecía por la TV un individuo amanerado como, por ejemplo, Pedrito Rico; luego, le siguió un tipo que imitaba a La Lupe: El Lupito; y, después, Raphael y su fina gestualidad. Pero quien “rompió el molde” fue Juan Gabriel: Juanga. Luego la cosa se hizo normal, y hasta popular, y llegaron Boy George y Culture Club, el grupo Locomía y Divine, portadores de la ambigüedad o androginia que antes habían exhibido tipos como Al Cooper, David Bowie, Prince y Michael Jackson, entre otros. La televisión le creó a los gays otros oficios dentro de ese medio como el de fashionista, periodista de farándula y gaytrólogo (astrólogo gay), uno de ellos era Walter Mercado.

Otros personajes populares de los programas cómicos que imitaban a homosexuales fueron Juanito el Machazo, Párgula, Charly Mata (“uno no es de hierro”, “tú no eras así”) y otros. Desde hace unos años la televisión mundial y nacional comenzó a ser más tolerante con los homosexuales, pero no fue por rectificación ni por solidaridad, sino porque luego de estudios de mercado se dieron cuenta del poder de consumo de este colectivo e iniciaron, entonces, la producción de series y programas donde se les admitía abiertamente. En 1985, por ejemplo, la Reina de los Culebrones, Delia Fiallo, fue la autora de la telenovela Cristal todo un suceso de sintonía, dentro y fuera del país—, donde incluyó la novedad de un personaje gay: el modisto Piero (Lino Ferrer) que, de paso, impuso la frase “de lo last”.

Walter Mercado dio origen a una nueva denominación televisiva: el gaytrólogo

Walter Mercado dio origen a una nueva denominación televisiva: el gaytrólogo

FIEBRE DEL SÁBADO

En 1978 se desata la fiebre mundial por la música disco y las discotecas se vuelven a poner de moda a partir del estreno de la película Fiebre del sábado por la noche, con John Travolta como protagonista. La discoteca Studio 54, de Nueva York, se convierte en el modelo exportable de diversión nocturna hacia casi todo el mundo, incluyendo Venezuela, donde comenzaron a funcionar los “bares de ambiente”, frase con la que comenzaron a identificar a los homosexuales criollos. En el pasado, una fiesta o reunión de tipos bailando con tipos era llamada “ballet rosado” y ¡ay de ellos! si les allanaban el local o la casa de baile y eran pobres porque, además de la sanción de sacar su imagen en los periódicos amarillistas, se les aplicaba la Ley de Vagos y Maleantes. Si los bailarines eran adinerados y pertenecían a la “jai” (por high society) podían seguir tranquilos echando un pie. Con la película Fiebre… a las fiestas gays se les llamó travoltistas y a los homosexuales travolteaos. Las discotecas crearon un sinfín de costumbres, espectáculos y personajes (como las drags queens y los drags kings) a la cabeza de grupos que bailaban y cantaban, como un himno, las canciones de Village People y las reinas de la canción disco.

El tema “Ymca”, de Village People, se entronizó como himno gay

El tema “Ymca”, de Village People, se entronizó como himno gay

“SIDOSOS”

En plena fiebre de la disco comienza a correr por las calles de Nueva York el terror por una extraña enfermedad que atacaba, principalmente, a los homosexuales, haitianos y heroinómanos, por lo que la llamaban la Triple H. Luego la bautizaron como “cáncer gay”. Hasta que en 1981 comenzaron las revelaciones científicas y así llegar a 1984, año en que se logró identificar el virus causante. Pero el escándalo mundial sobre la enfermedad llegó cuando murió, por causa de esa enfermedad, el actor Rock Hudson. Entonces, otra vez la oscuridad de las palabras envolvió con sus penumbras y sus desprecios a la comunidad gay, y la palabra sidoso se agregó a la ya larga lista de dicterios e imprecaciones con los que se escarnecía a los homosexuales, declarando la enfermedad como la peste del siglo XX y un castigo divino por tan grave pecado: una reedición de Sodoma. Muchas confesiones religiosas se mostraron alborozadas esperando por el exterminio celestial.

Studio 54: arquetipo de la diversión nocturna y de los “bares de ambiente”

Studio 54: arquetipo de la diversión nocturna y de los “bares de ambiente”

MÁS MARICO SERÁ USTED

La cartografía semántica homosexual es amplísima si incluimos los términos que se utilizan en cada país, región y localidad, ¡imagínese usted! Pero el caraqueño ha hecho caso omiso a casi todas las palabras del glosario culto con las que se denomina a los homosexuales y se ha quedado, principalmente, con tres: gay, transfor o tranfol y marico. Además de estas, ha creado una abundante e ingeniosa cantidad de palabras para referirse a lo mismo. El uso de la palabra marico se ha extendido tanto que se ha convertido en una muletilla de uso constante en el habla popular y despojada del contenido sexual original. “¿Qué pasóoo, marico?”, a modo de saludo. “Marico, te pasaste”; los sifrinos tuercen la mandíbula para decir “maareeeco” (lo mismo que hacen con “mardeeeeto”); y hasta las mujeres se dicen “marica, llámame”. Ahora bien, para referirse a los homosexuales esa es la palabra que prevalece, con sus diminutivos y aumentativos: marico, maricón, mariconzón, mariconcete, medio marico, mariquito, mariquita, amariquiao. Hace años al homosexual se le anteponía el calificativo marico al nombre propio: “¿Qué le pasa al marico Carlos?”, “dígale al marico Marlon tal cosa”, y así. A un homosexual serio y discreto lo llamaban marico reservado, y ahora enclosetao o que no ha salido del clóset. También se han utilizado eufemismos como hombre de finos modales, de suaves ademanes, refinado, de gestos delicados, manita caída, amanerado, veterano, raro, raroso, medio raro, andrógino o de conducta ambigua. Le siguen otros símiles a veces incomprensibles, como los de animales; por ejemplo: pato, patongo, plumífero, mariposo, mariposa, mariposón, mariposita; pargo, parguito, pargolete, párgula. Y continúan con otros francamente extraños como argolla, parcha, parchita, partío, regalao, becerro, cucos. A los bisexuales: bicicletas, doble cañón o aguja (porque puya y se deja puyá). A las mujeres: lesbiana, machorra, machito y cachapera. A los que gustaban de los muchachitos o adolescentes los llamaban nonateros, asaltacunas, cacorros o, simplemente, sádicos.

El “escándalo” de Rock Hudson sirvió de trampolín para dar a conocer el sida

El “escándalo” de Rock Hudson sirvió de trampolín para dar a conocer el sida

FRASES COMPLEMENTARIAS

No solo es la acusación o el insulto directo hacia el ofendido, sino que, además, la agresión siempre está precedida o incluida en un juego de palabras o frases de doble sentido, no solo para agredir, sino también para hacer chanzas: Fulano se deja puyá las arvejas / con un policía / de noche y de día. En cuestión de granos había que tener cuidado de no ser víctima de otro que al usted decir “caraota” le responda “¡le saco!” o “me bañó en sopa”. A menganito le gusta que se lo caraoteen, o que le saquen las caraotas, o le empujen los pelos pa dentro. A zutano se lo maraquean; se pasó pa’l otro lado, o es del otro lado, o se pasó pa’l enemigo; se perdió esa cosecha, se perdieron esos reales, se perdieron esos papeles, lo perdimos; y ¡ay coño, qué agua tan fría!, ¡huele a quemao!, ¡huele a marico!, ¡umjú, cojo culo y pago el viernes! (¡o con chapas!); ¡ay, esteniño, pero tú no eras así!, ¡chinaazoo!, ¿qué pasó, papi, te bajo la jeva? o ¿se te salió la jeva?; marico no, ¿oíste?: señor marico, pa la próxima, ¡ay, a este se le moja la canoa! Están también los relacionados con los carros: fulano tiene un espiche o un escape; está pasando aceite; bota la segunda; se le enchumba el motor (o las bujías); le gusta que le midan el aceite, que le metan la mocha, se va en retroceso. ¿Y usted, amigo lector, es molusco o es marisco, ah?, ¡defínase!…

ÉPALE 333