ÉPALE329-CIUDAD

TODOS HEMOS TENIDO MOMENTOS AGRADABLES CON CIERTOS HABITANTES DE ESTA CIUDAD, TAN ORIUNDOS Y TAN MESTIZOS COMO NOSOTROS. A VECES ESCANDALOSOS, A VECES SIGILOSOS, MUCHA VECES INTROMISORIOS, PERO SIEMPRE CAMPANTES. NOS HAN DESPERTADO EN LAS MAÑANAS, NOS HAN SORPRENDIDO EN LOS PASEOS Y, FRECUENTEMENTE, NOS DISTRAEN. NOS RECUERDAN QUE NO ESTAMOS SOLOS, QUE NO SOMOS LOS ÚNICOS HABITANTES, NI COMO HUMANOS NI COMO MAMÍFEROS

POR ARGIMIRO SERNAFACEBOOK.COM/ARGIMIROS / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Perico frente roja. Es autóctono de Caracas

Perico frente roja. Es autóctono de Caracas

En esta ciudad, donde la imaginación vuela en las obras de innumerables poetas, pintores, dramaturgos, actores, juglares, malabaristas, estéticas mestizas tan diversas de mujeres ( y supongo que también de hombres), al mismo tiempo que con los pies bien puestos en la tierra, atendiendo la demanda de atención del prójimo, al menos un rato, recurrentemente echamos una ojeada hacia las nubes sorprendidos por seres que, según dicen los entendidos, provienen en la línea evolutiva directa de los dinosaurios.

A veces nos visitan en la casa, nos despiertan en la mañana o eventualmente sentimos un agudo y recurrente sonido acechante que puede llegar a sentirse como si hasta fuera con uno. Pueden ser guacharacas escandalosas saludando al sol en las mañanas, guacamayas burlándose de nuestra absurda alienación bilateral, azulejos esperando un descuido para arrancarnos el cabello necesario para hacer su nido, loros silvestres que evitan hablar para que no los metan en una jaula, tortolitas furtivas asaltando restos de arepa en las cocinas de quienes se descuidan, colibríes que se acostumbran a la presencia humana en casas y hasta en departamentos, palomas invasivas en las plazas acosando a niños y adultos por pedazos de alguna galleta, zamuros incólumes ante la displicencia que producen sus hábitos alimenticios, y hasta gavilanes caricaris de visita en tu comunidad durante su instintiva zafra. Difícilmente habrá caraqueño que, al increparlo, no tenga algún cuento con algún ave y que en torno a ese cuento no recuerde algún momento feliz o cuando menos cándido.

LOS COLIBRÍES COMPARTEN LA ARDUA LABOR DE LAS ABEJAS COMO POLINIZADORES DE LA FLORA SILVESTRE, Y TAMBIÉN SON PREDADORES DE ZANCUDOSOS MALSANOS

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Resulta que en nuestra ciudad contamos con más de 400 especies de aves, de las cuales 18 de estas están entre la familia de psitácidos, como le dicen a las aves con picos curvos y con una lengua que les permite emitir diversidad de sonidos. Esta variopinta familia comprende los loros, periquitos, cotorras y guacamayas, lo que nos convierte en una de las ciudades con más variedad de avifauna, en general, y específicamente de esta rama que nos invade con sus aquelarres. Si nos ponemos a ver, tenemos una identidad común a la resistencia, ya que están en peligro de extinción en esos países hegemónicos del mundo industrial, de los cuales nos defendemos estoicamente. También hay un gran número de zamuros, guacharacas, colibríes, azulejos, tortolitas y gavilanes caricaris autóctonos junto a algunas especies invasoras, tanto de otras zonas como de otros países, llegadas por el tráfico de aves en cautiverio.

El carpintero habado. Avistable en Los Caobos y el Parque Nacional Waraira Repano

El carpintero habado. Avistable en Los Caobos y el Parque Nacional Waraira Repano

PERTURBACIONES HÍBRIDAS A LA CARTA

Guacamaya Ararauna y Aramacao

Guacamaya Ararauna y Aramacao

De las 400 especies 25 son migratorias y tres especies son exóticas, es decir, que han llegado del extranjero como la Columbia libia (llamada también paloma doméstica) y el periquito acollorado perdeón, que llegó de Asia, probablemente en alguna jaula escondida y seguramente escapó buscando radicarse en un nuevo hábitat. Según la investigación científica que da lugar a este artículo, este periquito ha resultado un azote para sus homónimos locales, de parte de los cuales, al parecer, la mejor arma ha resultado la hibridación. En ese mismo orden, la guacamaya amarilla y azul proviene de Delta Amacuro y del sur del río Orinoco, pero se está mezclando con la guacamaya roja y amarilla. De la fusión de estos parientes habrá de surgir una nueva especie autóctona como ejemplo del frondoso caos con que la naturaleza puede multiplicarse. Resulta que el accidente producido por el cautiverio furtivo, junto al afán humano de atrapar la belleza para traerla a sus residencias, derivó en una trágica manera de fructificar hibridaciones, las cuales, aunque artificiales, pueden recuperar su libertad hasta ser silvestres y, de esa manera, expresión de vida y multiplicación. Es bueno saber que, de esta familia específica, la guacamaya autóctona más característica de nuestra ciudad se apela “Maracaná”, pero por su menor tamaño y su color verde, que las asemajan al loro, pareciera estar quedando por fuera de la rumba híbrida de las demás. Vaya discriminación, aunque ha de estar armando convite con sus semejantes. Dirán ellas: “Si no me quieren en esta fiesta me voy a la de al lado”, en otro yagrumo o chaguaramo, pero “nadie me quita lo cantao”.

VESTIDA DE GARZA BLANCA

Ahora bien, toda esta información no aparece en Wikipedia, así tan simple como acostumbramos a buscar efemérides o la discografía de artistas famosos. El reconocido investigador sobre aves en Venezuela, Bruno Manara, tiene dignos sucesores dedicados y rigurosos como Miguel Enrique, oriundo de Caricuao, caraqueño de pura cepa, quien se graduó en el Pedagógico de Caracas para dar clases de Biología, con un postgrado en la especialidad que lo califica como docente a nivel universitario. Este poblador del sur de la capital tiene la intención de especializarse en el estudio de la garza autóctona, que podemos ver en río Guaire, la cual, según dice, se ha adaptado a las condiciones actuales del escatológico, pero icónico, río de nuestra ciudad. Señala que la conocida garza es una portadora sana de esas bacterias y se ha constituido como una especie autóctona del trasversal canal fluvial de nuestra ciudad.

Garzas blancas o resneras. Se reproducen en el Laguito de Los Próceres y se alimentan de sapos e insectos que abundan en el Guaire

Se reproducen en el Laguito de Los Próceres y se alimentan de sapos e insectos

Entre sus recomendaciones, Miguel hace dos observaciones más que pertinentes: “Si bien es comprensible que por ser coloridas, curiosas y longevas (una guacamaya puede vivir hasta 80 años) la gente le guste tenerlas de acompañantes en la casa o entablar amistad con su visita frecuente. No es bueno alimentarlas, ya que estas aves son silvestres y tienen sus formas de proveerse con los abundantes bucares, chaguaramos y yagrumos, entre otros árboles, para los cuales sirven como dispersores de semillas, junto con colibríes y garzas. Así que, al domesticarlas, podríamos estar afectando un ecosistema. Pero muy especialmente se debe evitar darles girasol, por su contenido graso; ni cambur o carbohidratos, ya que tienen mucha azúcar para su alimentación”. Por otro lado, nuestro especialista nos alerta sobre que “la convivencia con las guacamayas esconde un peligro poco conocido: la enfermedad de la psitacosis, que evoluciona con síntomas como los de la neumonía y puede llegar a ser mortal”. Así que, amigos caraqueños, lo mejor es dejar seguir su camino a las aves y visitarlas nosotros a ellas en el parque Miranda, el parque Alí Primera, las jardinerías y veredas (como Tierra de Nadie en la UCV), el Ávila y hasta cualquier arboleda cerca a tu casa. Si quieres disfrutar su visita eventual ponles agua, pero nada de comida, protege el ecosistema y busca pareja.

Garza blanca alzando vuelo

Garza blanca alzando vuelo

TUCUSITO SANADOR

Entre el mar de información que queda por fuera de este simple acercamiento (como los zamuros, las tres especies de gavilanes, el caricari sabanero, el encrestado y el habado que rotan sus zonas de cacería para distribuirse el espacio entre sí, las tortolitas, las galliformes guacharacas, los sigilosos azulejos cazapelos y los carpinteros) nos parece relevante la numerosa población de colibríes que asciende a aproximadamente 37 especies. Pueden variar mucho de tamaño y su función tiene doble importancia. Por un lado, son polinizadores, con lo cual comparten la ardua labor de las abejas en la misión de intermediar la copulación de la flora silvestre; y, por otro lado, son predadoras de insectos pequeños, como los zancudos que transmiten dengue, paludismo y malaria. Así que cuando veas un colibrí salúdalo y trátalo con la misma importancia que le dedicas a tu homeópata, ya que seguramente te ha salvado de muy malos ratos.

Miguel Enrique. Profesor de biología, haciendo investigación taxonómica

Miguel Enrique haciendo investigación taxonómica

Otra información importante que nos reveló nuestro profesor en Biología es que el cielo caraqueño y sus árboles son estación temporal de muchas aves migratorias, entre las que podemos contar al playero coleador (Actitis macularius), que viene de Norteamérica durante su período no reproductivo, entre julio y abril. Se distingue por la banda blanca en las alas, visible cuando vuela porque durante esta misma época del año el resto de su plumaje tiende a opacarse más. Habita en ambientes acuáticos de agua dulce o salada, volando a poca altura o caminando rápidamente por la orilla. Tal y como sucede con muchas especies humánidas (si se me permite inventar el término), estas como que también bajan a La Guaira eventualmente para intentar reproducirse.

Así que ahí tenemos otro signo del favoritismo que la naturaleza nos tiene a los caraqueños, y del compromiso de hacer las cosas con talento y amor para estar a la altura de nuestros sueños y del maravilloso vuelo de estos simpáticos vecinos alados, quienes, aunque en nuestras vidas no se relacionen directamente cuando estamos imbuidos en el caos cotidiano, hacen literal lo que para nosotros es una metáfora de la libertad. Decorando nuestra visión periférica, y plagando eso que los doctos llaman inconsciente, del tenue elixir y suave don de azul celeste, con ese gesto tan fácil de pintar, que cuando niños todos lo hemos representado como un grácil guiño en el horizonte, solo tienes que alzar la vista porque te están mirando.

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