ÉPALE336-GUZMÁN BLANCO

HAY HOMBRES QUE SE GANAN UN PUESTO,  UNA POSICIÓN, UNA FORTUNA O UN RENOMBRE EN LA VIDA GRACIAS A UN BRAGUETAZO.  SON TIPOS QUE SEDUCEN A LA TIPA QUE TIENEN QUE SEDUCIR Y ESE TRAMPOLÍN SUELE SER EFECTIVO. A GUZMÁN BLANCO LE SUCEDIÓ EXACTAMENTE LO CONTRARIO.  AQUI LA HISTORIA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

No podía ser de otra forma que se iniciara su carrera diplomática, sino mediante un asunto fácilmente convertible en chisme. Tú sabes que hay hombres que se ganan un puesto, una posición, una fortuna o un renombre en la vida gracias a un braguetazo; son tipos que seducen a la tipa que tienen que seducir y ese trampolín suele ser efectivo. A Guzmán Blanco le sucedió exactamente lo contrario. El hombre y que le echaba los perros y otros animales a Luisa Teresa, nieta de una leyenda político-militar de la Venezuela del siglo XIX, José Tadeo Monagas, quien, de paso, era presidente de la República.

A cualquier vago o chichero el atrevimiento le hubiera valido, mínimo, una coñamentazón, pero entre poderosos y aspirantes al poder las cosas a veces funcionan con otros códigos, y miren el tremendo código con el que castigaron al joven Guzmán: como el abuelo celoso quería a ese alfeñique lejos de su nieta, lo mandó bien largo al coñísimo de su consulado de Venezuela en Filadelfia. Guzmán cumplió con el sacrificio, muy adolorido y con lágrimas en los ojos, y su tormento fue tan profuso y prolongado que antes de cumplir 30 años ya había sido cónsul en Filadelfia, Nueva York y Washington. Pobre hombre, no hay perdón de Dios.

Que no se diga, sin embargo, que se dejó doblegar por las mieles y la sabrosura de la vida en el imperio. En 1858 ya ha regresado a Venezuela y comienza la etapa conspirativa de su vida, que lo lleva a la cárcel y al exilio. La corriente política del momento lleva el signo de la Federación. En uno de esos exilios, en las Antillas, se juntó con el ala de los federales al mando de Juan Crisóstomo Falcón, y desde ese momento inicia la parte notable de su carrera militar. Fue Comandante en Jefe de los Ejércitos Federales de la Región Central; vio morir en San Carlos, de un certero balazo, a Ezequiel Zamora. Muchas veces la gente piensa o cree o le malinforman que las decisiones trascendentales las toma un solo hombre, y esa es la razón por la que un acontecimiento complejo y multivectorial como el fin de la Guerra Federal se suele resumir de esta manera: “Guzmán Blanco redactó el Tratado de Coche y, al poco tiempo, era vicepresidente de la República”. Y sí, es verdad que ocurrió así, pero si lo dices de esa manera casi me estás diciendo que Guzmán lo acomodó todo para beneficiarse él solito, sin que nadie se diera cuenta.

La complejísima realidad, en una Venezuela que estaba tratando de demostrarse a sí misma que era capaz de crear unas instituciones para una ciudadanía que iba de guerra en guerra, no oculta, sin embargo, el hecho de que el guzmanato se llevó en los cachos todo el final del XIX. Autócrata y personalista lo fue, sin duda; hábil y maniobrero para fluir en las telarañas del poder, y saber mandar a la sombra mientras quitaba y ponía a sus títeres de presidentes, también. Uno de ellos fue un personaje tan evidentemente mediocre y agüevoniao que los folletines de la época (última década de los 90) lo inmortalizaron, en una serie de cuartetas que se burlaban de su impresionante lentitud, en estos términos:

En la plaza de Bolívar

mataron una pereza

y del vientre le sacaron

al doctor Raimundo Andueza.

En una Caracas que apenas asomaba rasgos de una personalidad como capital, pero que tenía casi todos los lienzos vacíos para que viniera alguien a pintarrajearlos, Guzmán Blanco se dio banquete disfrazando de sucursal francesa a una ciudad que ni siquiera hallaba la forma de ser la capital venezolana. Levantó obras que todavía son hitos referenciales caraqueños: el Panteón Nacional, el Teatro Municipal, el Palacio Federal Legislativo, el parque El Calvario, la iglesia Santa Capilla (de la que se decía, con sorna, que los franceses la habían usado como maqueta  para construir la de Notre Dame). Durante los largos gobiernos de Guzmán entraron a Venezuela la luz eléctrica y el teléfono, se remodela el telégrafo, se decreta la obligatoriedad de la educación primaria.

Como todo lo que no está debidamente demostrado o documentado se puede convertir fácilmente en exageración, los adulantes dictaminaron que en su período Venezuela inició un proceso de “modernización”; y los detractores indican, más bien, que Guzmán perfeccionó la práctica de la corrupción en el país. Como para meter todos esos ingredientes en una licuadora y tragarse a Guzmán como un personaje pintoresco, y nada más que eso.

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