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VARIAS GENERACIONES DE ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA GESTARON LUCHAS ALLÍ, INVESTIGARON EN SUS BIBLIOTECAS, SE ENAMORARON EN SUS ESPACIOS, PROTESTARON EN SUS ENTRADAS, DIRIGIERON TEATRO EN SUS SALAS,  COMPUSIERON MÚSICA Y SOÑARON UN MUNDO DIFERENTE. HOY, LAS NUEVAS PROMOCIONES BUSCAN ESE RASTRO MÁS ALLÁ  DE LA REALIDAD

POR ARGIMIRO SERNA / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Algunos espacios en la ciudad de Caracas han sido emblemáticos para varias generaciones; unos son naturales, otros artificiales. El cerro Ávila es uno natural, que define la idiosincrasia del caraqueño; el otro fue construido, precisamente, con la claridad de ese monumento natural. Muchos formamos parte de esas generaciones que crecimos entre el Waraira Repano y los pasillos de la UCV, sobre lo cual un breve recuento se hace necesario.

Emblemáticamente, el espacio en el cual se planificó este monumento artístico, reconocido a nivel internacional, fue una hacienda que en sus inicios perteneció al Libertador Simón Bolívar. El proyecto implicaba trasladar la universidad que funcionó, durante la primera mitad del siglo XX, en el actual Palacio de las Academias, frente al Capitolio —sede a su vez de la Universidad de Santo Domingo (primera institución pedagógica del país)—, un seminario regido por preceptos de la realeza española. Que un organismo gestado originalmente por instituciones clericales se convirtiera en madriguera de movilizaciones de vanguardia se debió, en este caso, a una serie de acontecimientos, pero muy especialmente a la dedicada actitud de quien dejara su sello en muchos espacios de nuestra ciudad: el arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

La casa que vence la sombra es el emblema con que, durante mi crianza, escuché que llamaban a la Universidad Central de Venezuela. Aunque no entendía bien esa metáfora en mis primeros años de consciencia (no faltará quien asegure que aún atravieso por ellos), ir a la UCV siempre fue para mí un acontecimiento interesante, una especie de aventura imaginaria, un descubrimiento iluminado; lo cual le daba su propia significación a la frase, más allá de la asociación por oposición entre la ignorancia oscura y la sabiduría iluminada en el germen de la ilustración. Ahí mis padres me llevaban a ver obras del grupo de teatro infantil El Chichón mientras ellos asistían a intraducibles conferencias de intelectuales, reuniones políticas, conciertos musicales de artistas como Alí Primera, el grupo Madera y Gloria Martín hasta grupos internacionales que se iniciaban, como Les Luthiers, Peter Brook y Virulo. Entre tanto, yo iba a ver juegos de luces, recovecos diseñados para su penetración, esculturas con formas extrañas y atractivas, murales de colores, columnas que parecen junglas, bibliotecas amplias de techos altos, numerosos salones, techos ondulantes, árboles entre estancias y caminerías, edificios de diferentes formas y tamaños, fuentes donde imaginaba lagos que debía cruzar para sobrevivir a algún apremio sobreengendrado, por un efecto que luego descubriría que tenía que ver con la intención de los artistas que las diseñaron. Ellos, mis padres, se reunían en la búsqueda de sueños comunes (que ahora sé que llaman “proyectos emancipadores”) y yo encontraba el espacio perfecto para prever ese encuentro, que después comprendí se debía a la misma búsqueda de emancipación. También tuve impactantes y fugaces amores imaginarios, que quizá no lo fueron tanto, mientras mis padres mantuvieron su amor temprano hasta que terminaron divorciándose. ¡Vaya riesgos que se corren en la aventura revolucionaria!

Monumento a los caídos de la Generación del 28 (Ernest Maragall)

Monumento a los caídos de la Generación del 28 (Ernest Maragall)

UN ESPACIO PARA INTEGRAR LAS ARTES

La Universidad Central de Venezuela se prestaba para el encuentro entre adolescentes amantes y estudiantes, entre la curiosidad y el conocimiento, entre las aves y los anacoretas, tanto en sus áreas verdes intercaladas entre edificios que imitan tepuyes como en el Jardín Botánico, parte originaria del complejo diseñado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

Biblioteca Central: recinto bañado de luz y color

Biblioteca Central: recinto bañado de luz y color

La sombra al final del pasillo

La sombra al final del pasillo

Murales que son patrimonio visual y memorioso

Murales que son patrimonio visual y memorioso

Tanto el ilustrado e inteligente arquitecto como sus colaboradores (Alexander Calder, Víctor Vasarely, Wifredo Lam, Fernand Léger, Jean Arp, Henri Laurens y Mateo Manaure, entre otros) prpoyectaron un espacio propicio para la aventura imaginaria. Espacio que, después de una eficiente construcción de pocos años, el 2 de marzo de 1954 fue inaugurado por el mandatario Marcos Pérez Jiménez en acto público. La Plaza Cubierta, el Aula Magna y la Biblioteca Central (con motivo de la celebración de la X Conferencia Iberoamericana, en Caracas) vieron la luz como unas de las primeras obras diseñadas integralmente, y con respeto por el ecosistema, en el país y en toda Latinoamérica.

El nuevo campus se convirtió en un gran complejo cultural de alrededor de 200 hectáreas, que incluyó un total de 70 edificios. El principio que rigió el diseño fue un espacio donde el arte y la arquitectura convivirían en una “síntesis de las artes” dispuesta para la creación y el desarrollo de las ideas.

Para bien y para mal no había manera de evitar su influencia. Yo creo que para todo el país la UCV tuvo un valor preponderante, porque en ella se gestaban nuevas ideas, eso que llaman vanguardia. Tanto su conocida Aula Magna, el Teatro Naranja de la Facultad de Economía y Ciencias Sociales, así como los auditorios de las escuelas de Farmacia y Arquitectura, e incluso el Estadio Universitario, se prestaron para toda clase de actos culturales que supusieron un impulso, una inspiración, una noción de crecimiento intelectual. Hasta nuestro actual presidente recibió sus primeras letras revolucionarias en reuniones de aquellas gestas que se hacían en el pasillo de Ingeniería. Ahí se impartía, en voz asamblearia, el pensamiento germinal de lo que luego languidecería intentando escaramuzas intelectuales contra la invasión postmoderna, por un par de décadas, hasta que Hugo Chávez lo asumiera como estructura de su mandato. Grupos políticos como la Liga Socialista y el Partido Revolucionario Venezolano se reunían en el mismo pasillo, de cuyas influencias entre ellas las de Kléber Ramírez Rojasterminarían escribiendo el libro V República.

Es toda una paradoja que el dictador de la época, Pérez Jiménez, ordenara la construcción de una obra que ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por su alto valor artístico dadas todas esas movilizaciones que se convertirían en discusiones, asambleas, grupos teatrales, movimientos políticos y literarios, todos investidos con aura revolucionaria.

La arquitectura hace del espacio un paisaje que asemeja selvas y sabanas

La arquitectura hace del espacio un paisaje que asemeja selvas y sabanas

BRUMAS EN EL AULA

El otrora laboratorio de diversidad e imaginación, como formas primigenias y arquetípicas de transmitir sensaciones que estimulan el estudio y el conocimiento, hoy parecen adormecido por el efecto de una conflagración nefasta en contra de la realidad.

La actual UCV es un espacio donde las sombras recuperan terreno. Su directiva, empeñada en dicotomías políticas, auspicia el abandono cultural del recinto utilizando para ello argumentos escapistas. Las facultades no tienen seno, la escuelas se han ido al garete. En algunas de ellas, como la de Filosofía, miembros del profesorado han asumido sus gastos y han modificado los pénsums sin coordinación central, en una suerte de privatización fragmentada, a la espera de que alguna voz de mando identifique una estructura de contenidos. Es lamentable que esa Escuela (donde tantas veces entré como oyente mientras cursaba la carrera de Idiomas Modernos) ahora parezca un instituto técnico divorciado de todas las políticas centrales del Ministerio e incluso de toda iniciativa gerencial.

Las recientes elecciones de la Federación de Centros Universitarios no parecen tener incidencia ni control de la actividad académica, incluso pareciera ocultar fraudes económicos de registro de documentos.

Ahora que ha desaparecido todo aquello que antes se gestaba en esos espacios quedando apenas una especie de recreo pueril entre estudiantes estupefactos, una dirigencia estudiantil sin iniciativa política ni cultural toca preguntarnos sobre la estrategia artística y cultural del llamado proceso revolucionario. ¿Será que las universidades creadas recientemente pueden sustituir el objeto para los que se crearon tales espacios? ¿Habrá sido acertada la estrategia de entregar al enemigo declarado tales espacios, donde no parece haber un ápice de iniciativas culturales en ningún sentido? ¿Tendrá la directiva actual alguna intención de crear formas de organización cultural autogestionaria? ¿Habrá alguna forma de incidir en la población estudiantil, mediante las nuevas tecnologías, para fines creadores y liberadores que, a la postre, permitan la creación de espacios artísticos que, a su vez, den lugar al pensamiento y todo lo que el germen constructivista y cinético de sus espacios estimula?

Biblioteca Central: recinto bañado de luz y color

Biblioteca Central: recinto bañado de luz y color

Aula Magna: largos pasillos; sempiternos recorridos

Aula Magna: largos pasillos; sempiternos recorridos

El abstraccionismo y el constructivismo estimulan el pensamiento crítico

El abstraccionismo y el constructivismo estimulan el pensamiento crítico

ÉPALE 333