ÉPALE336-MITOS

POR ARGIMIRO SERNA / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Existen seres inconformes, insatisfechos, incomprendidos, interesantes, inteligentes y discrónicos, que parecieran llevar un peso mayor que el de otros en su contexto. Gente que pareció nunca encajar en ningún juego, como estrellas que rechazaban planetas a su alrededor. En Venezuela esta corriente de escritores enloquecidos (como Pizarnik, Kafka y Hölderlin) tiene representantes sin parangón. En este caso es alguien a quien su propio impulso irrefrenable de lectura pareciera haberle arrebatado la infancia.

El poeta venezolano considerado más importante del siglo XX por su estilo original, místico, profundo, lexicalmente amplio, que parece perfecto por la destreza con que trasmite sensaciones y hechiza a lectores de todas las épocas, en 1916 publicó traducciones de Ludwig Uhland; en 1921 Trizas de papel; en 1923 Sobre las huellas de Humboldt; y La torre de timón en 1925. Su estilo se refiere siempre a sí mismo, en profundidades que, como en el océano, alberga especies extrañas. Un juego poético tan intimista que pareciera multiplicar significados, como tentáculos luminosos. Aunque sirvieron para componer un universo único y adelantado, las palabras parecieran haber mantenido un sigilo que afectó mucho sus nervios.

Este ávido y avezado polinizador de significados nació en Cumaná, una de las primeras ciudades constituidas de Latinoamérica, el 9 de junio de 1890. Descendiente, por línea materna, del mariscal Antonio José de Sucre, acusó problemas para dormir, los que requirieron la intervención de medicamentos y reclusiones psiquiátricas.

Caracterizado siempre por una vida social de pocos amigos, el emblemático poeta José Antonio Ramos Sucre invirtió el tiempo de ocio de su juventud, ocio del que gozaba por su posición social heredada, en estudiar idiomas. Aprendió tantos como pudo; así que, todavía joven, ya hablaba y escribía francés, inglés, italiano, portugués, alemán, danés, sueco, sánscrito, latín y griego antiguo. Leyó muchos libros en su idioma original y tradujo algunos. Fue profesor de bachillerato en diversas materias de ciencias y humanidades. Conoció varias culturas trabajando como diplomático, hasta aquella vez en que aceptó el cargo de embajador en Suiza, donde intentó suicidarse de manera fallida y, luego, de manera fatal, aunque también defectuosa. Murió después de cuatro días de agonía tras envenenarse, en Ginebra, el 13 de junio de 1930. Como si una especie encontrara la manera de mantenerse lejos de la superficie, un exceso de significados anclaron su yo en las profundidades.

Sigilo en la penumbra de una especie muy extraña.

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